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En defensa de los juegos de rol

He escrito este post con todo el cariño del mundo. Cuento una parte de mi vida y hago referencia a la que fue una de mis principales aficiones durante muchos años. Esta es la historia de cómo he creado un juego narrativo de piratas basándome en los juegos de rol a los que jugaba cuando era mucho más joven.

En mis primeros años de instituto, mi profesor de lengua y literatura me decía que tenía una redacción espantosa (algo que mi rebeldía adolescente se negaba a admitir) pues era consciente de que leía muchísimo y eso debería estar teniendo alguna que otra repercusión en mi expresión escrita. Sin embargo, mi padre apoyaba la opinión de este profesor y se esforzaba por hacerme enteder que debía hacer algo para mejorarla.

Por aquel entonces, cuando contaba con catorce años, llegó a mi vida una nueva forma de entretenimiento desconocida hasta ahora: los juegos de rol. Se trataba de un tipo de juegos donde lo importante no era tanto quién ganaba como crear una historia entre todos. Además, este tipo de juegos me ayudaron a descubrir tanto la literatura tolkiana como la lovecraftiana, por poner solo dos ejemplos. Comencé a jugar a Dungeons&Dragons de forma compulsiva, era apasionante descubrir nuevos mundos, ser los protagonistas de una historia fantástica e ignota y, pronto, me entraron ganas de dirigir mis propias partidas, de inventarme yo nuevos mundos en los que mis amigos tuviesen que esforzarse por sobrevivir y resolver los misterios que les proponía.

Al ser juegos narrativos, tuve que poner todo mi empeño en el diseño de los ambientes, en elaborar sugerentes descripciones que transmitiesen la tensión de una historia atractiva y apasionante. Ahí fui consciente de que, en efecto, mi redacción no era muy buena pero también me di cuenta de que mi expresión escrita mejoró en apenas unas semanas por el sencillo hecho de que lo que hacía era útil (de nuevo aparecía el concepto de utilidad, tantas veces olvidado a la hora de presentar los contenidos del tema a los chicos, en clase). Se nos escapaban las tardes luchando contra dragones, pasando largas noches en oscuros bosques invocando a los primigenios mientras la locura se apoderaba de nuestros cuerpos y nuestras mentes. Narrábamos todas estas aventuras en torno a una mesa, frente a una hoja que tenía todas las características del personaje al que debíamos encarnar y lanzando preciosos dados de 4, 6, 8, 10, 12 y 20 caras. A pesar de que algunos quisieron demonizar la influencia que ejercían estos juegos en los jóvenes, lo cierto es que poseen una cantidad de virtudes que muy pocos entretenimientos tienen: animan a leer, mejoran la comprensión lectora, mejoran la redacción, la mente está ocupada en actividades sanas y no en otras peores y nocivas, desarrollan la imaginación, el trabajo en equipo, etc., por citar solo algunas. Como se puede observar, podrían considerase herramientas imprescindibles para los profesores de Lengua y Literatura.

Después, según pasaba el tiempo, las responsabilidades de la vida fueron haciendo que, cada vez, tuviésemos menos tiempo libre, que nos fuese más difícil reunirnos para inventar e imaginar todas esas aventuras y, lamentablemente, poco a poco, fuésemos dejando de disfrutar de todos aquellos juegos narrativos a los que tantas horas habíamos dedicado.

Los años pasaron, mi deuda con los juegos de rol era inmensa, me habían enseñado a escribir. Se puede decir que, gran parte de lo que soy ahora, se lo debo a los juegos de rol, con ellos aprendí a utilizar el lenguaje teniendo en cuenta la intención comunicativa, la modalidad, la sintaxis, las funciones lingüísticas, la sinonimia y decenas de figuras literarias que me resultaron imprescindibles para poder explicar a mis jugadores las situaciones en las que se iban a ver inmersos.

Siguió pasando el tiempo… Como sabéis los que seguís el blog, mi pasión por Stevenson es desmedida. Había vivido en los mundos tolkianos, me había enfrentado a los Mitos de Cthulhu, había experimentado el mundo ciberpunk pero no había tenido la oportunidad de sumergirme, de vivir, experiencia de embarcarme en la Hispaniola. Siempre deseé vivir La isla del tesoro. Todo comenzó de forma natural, casi sin pensar, ‘cacharreando’ con el procesador de textos, empecé a dibujar cuadritos en una página en blanco mientras imaginaba qué características deberían ser útiles para construir, narrativamente, un pirata. He leído decenas de libros sobre la época, me he empapado de obras y estudios sobre la piratería de toda índole, desde los que presentaban una visión romántica y falsa del momento histórico hasta los más descarnados y crueles… Así que me era más o menos sencillo imaginar cómo construir los personajes que pudieran protagonizar una aventura como la que viven los personajes de La isla del tesoro. Y tal y como comencé a diseñar esa hoja del personaje, esa hoja del pirata, lo dejé, sin más. Nuevamente, pasaron los años, pasó el tiempo hasta que, hace unas semanas, me encontré con el archivo de la ‘hoja del pirata’ y, tras leer algunas de esas características que comenzara a preparar tiempo atrás, mi imaginación comenzó a volar, disfrutando nuevamente de cada segundo, soñando partidas épicas en un juego de rol inexistente en los mundos de R. L. Stevenson. Dos semanas después de haberme reencontrado con el archivo original, tenía la hoja del personaje practicamente finiquitada.

Estaba muy contento con el resultado y la publiqué en Twitter y en Facebook. Mis amigos no tardaron en opinar y responder positivamente al respecto, lo que me llevó a buscar el borrador de unas reglas que también habían sido empezadas tiempo atrás. Me costó un poco encontrar el archivo pero, finalmente, apareció en uno de los discos de seguridad que tenía en mis cajones. Cargué el archivo, aparecieron tres páginas de reglas desdibujadas y me puse, otra vez, a imaginar un mundo de piratería, de barcos, que rezumara, salitre, brea, aventuras y pólvora a partes iguales.

Unos cuantos días después, ya están terminadas. Me he basado en algunos juegos a los que jugaba en su día, por lo que no creo que pueda publicarlas, lamentablemente ya que no sé si incurriría en un plagio. Desconozco si adaptar y calcar parte de un sistema de juego puede considerarse plagio, imagino que sí. Realmente, estas reglas son para uso personal, con mi grupo de amigos. Me encantaría dejarlas aquí para descargar pero, como digo, no sé si se puede. Sin embargo, sí que necesitaba contar que, adaptando el sistema de varios juegos de rol, he creado un nuevo juego de rol, ¡¡un juego de rol de piratas!! Un juego que me permitirá vivir La isla del tesoro desde una nueva perspectiva… ¡¡Inmersiva!!

Espero poder probarlas pronto, ya os contaré en Twitter qué tal funcionan ;)

Descarga | Hoja del pirata

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