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En defensa del libro de texto

En los últimos años, debido al auge de internet, a la facilidad para la autopublicación, a la aparición de portales de materiales con licencias libres, a algunas prácticas más que discutibles de las editoriales y a una corriente educativa renovadora, hemos asistido a una intensificación del debate sobre la conveniencia o no utilizar libros de texto en las aulas.

Los detractores defienden con tesón su posición criticando el mercantilismo editorial, el sesgo de la información derivado de la posición política o religiosa de la editorial, la más que penosa edición de las versiones digitales de estos materiales y la entrega del docente ‘a lo que viene en el libro’, subordinando su competencia educativa a la letra impresa, desechando su espíritu crítico y el de sus alumnos. Además, por si esto no fuera poco, algunos críticos culpan al libro de texto del fracaso escolar de los alumnos.

Llevaba mucho tiempo queriendo hablar sobre el tema, pero ha sido este post en Xarxatic el que me ha llevado, finalmente, a publicar mi opinión al respecto.

A mí me gusta mucho la idea de tener un libro de texto, un buen libro que sirva de referencia a los alumnos con dudas, que tenga explicaciones muy claras, concisas y con muchos ejemplos. Algo así es de enorme ayuda tanto para el profesor como para sus alumnos.

Eso sí, parto de que aceptamos todos la idea de que el profesor no tiene que hacer la clase como dice el libro, de hecho, si lo hiciera, es seguro que sus clases serían bastante aburridas y hasta desastrosas. Es mucho más acertado considerar el libro de texto como una mera herramienta, incluso una muy buena herramienta para los profesores que comienzan a dar clase y no tienen la experiencia suficiente como para construir todo el programa ellos solos, algo que tuve que hacer yo en el primer curso que impartí, nada más salir de la universidad, y puedo asegurar que fue una tarea realmente dura (gratificante y que me permitió aprender muchísimo, eso sí), pues no tenía tablas, ni experiencia, ni me había enfrentado nunca a una clase… Cómo hubiera agradecido, me decía yo, haber tenido un documento de ayuda desde el que partir.

Son los profesores que empiezan en la carrera docente, lógicamente, los que se apoyarán mucho en el libro y lo harán menos los profesores que lleven más años en la profesión. El libro de texto es una herramienta más del proceso educativo. Con el tiempo, se aprende a utilizarlo, a que sea un documento de al que acudir cuando se tienen dudas, al que remitir a los alumnos para consultar, leer o hacer ejercicios, para adelantar las tareas a los alumnos con dificultades. Para esto, la calidad del material tiene que ser muy buena pero, como sabemos, esto no garantiza que de ahí salgan clases interesantes, útiles y apropiadas para cada grupo pues es justo, en ese punto, donde entra la labor del docente. Llegamos, pues, a la conclusión a la que han llegado muchos profesores en los últimos años: si estamos hablando de que el libro es más un documento de consulta para los alumnos de esos profesores con más experiencia y un apoyo para él mismo, si estamos en un mundo hiperconectado en el que es muy fácil acceder a cualquier tipo de información, cabe preguntarse si es apropiado hacer comprar a las familias un material que puede ser sustituido por internet o por libros con licencias libres.

Para muchos (incluyo para mí, en numerosas ocasiones), llegar a la conclusión de que es posible sustituir el libro de texto tradicional por un manual con licencia libre ha sido relativamente fácil y, ojo, yo no estoy en contra. Me parece muy bien. De hecho, me felicité cuando descubrí portales con libros de texto listos para descargar pero esto plantea nuevos interrogantes que habría que considerar muy cuidadosamente antes de tomar la decisión de cambiar los libros de texto de las editoriales por otros.

La solución no es fácil y, hasta que se despejen las incógnitas, que son muchas según lo entiendo yo, me gusta la idea de que haya un editor que construya un libro, que lo mantenga, que lo actualice periódicamente y que, por supuesto, sea reutilizable entre hermanos y miembros de la misma familia. No me gusta demasiado la idea de que un alumno no compre un libro sino un usuario y una clave de acceso a un material digital que caducará cuando termine el curso escolar y deberá ser renovada el próximo septiembre.

La crítica al libro de texto es tan improductiva como lo es la crítica al profesorado en general. El alumno (y también, en muchos casos, el profesor) necesita un documento en el que apoyarse.

La crítica, sin embargo, a la calidad de los mismos es ya otra historia. A pesar de que es tarea del profesor sustituir un ejercicio del libro por otro suyo (si lo ve mejor o más contextualizado para su grupo) o cambiar cierto texto por otro más actual y relevante, a pesar de que el libro de texto no es más que un conjunto de ideas, y ejercicios para llevar a clase que deberían ser adaptados, cambiados, contextualizados y dinamizados por el profesor, a pesar de todo esto, es cierto que hay libros que no hay por donde cogerlos pero en estos casos, es tarea del profesor adaptar más.

He impartido clase de español como lengua extranjera durante once años a alumnos de las más diversas nacionalidades y con libros de multitud de editoriales (incluso he publicado varios libros de texto). Todos los centros, todos los profesores, todos los autores y todos los métodos defendían las virtudes del método comunicativo en la enseñanza de idiomas y para sorpresa de muchos, el libro de texto de referencia para el nivel avanzado de los autores que encabezaban toda la revolución del método comunicativo era un libro plagado de esos clásicos ejercicios mecánicos tan propios del método estructural y no he visto nunca que alguien se quejara de ese material, ni profesores, ni alumnos. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que los profesores que lo utilizaban eran profesores con muchísima experiencia que adaptaban el curso a sus alumnos y utilizaban el libro como apoyo, refuerzo, etc… Nunca vi a ningún profesor que obligara a sus alumnos a pasar todo el tiempo de clase leyendo y haciendo los ejercicios del libro.

En definitiva, no tiene mucho sentido condenar el libro de texto como tal ya que la aplicación del mismo y su puesta en funcionamiento en la clase es tarea del docente. Sí son reprobables el uso que algunos hacen del libro de texto y no me refiero sólo al profesorado. Con la aparición de los portales de libros de texto con licencia Creative Commons, se ha abierto un nuevo camino pero aún falta saber cómo llevar de un modo efectivo (logística y pedagógicamente hablando) a las aulas este tipo de materiales.

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