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Soy otro garajero

Hace unos días, estaba escuchando una entrevista que le hacían a Jon Cortázar en el último RetroMadrid, un desarrollador muy conocido en la escena indie, cuando di un respingo al escuchar una palabra que yo no había usado nunca pero que, de forma más o menos inconsciente, siempre había sentido como mía: ‘garajero’.

Pertenezco a una generación que ha vivido una cantidad enorme de avances tecnológicos, entre otros, vimos cómo los ordenadores personales colonizaban aquellas casas de los años 80 mientras leíamos en las revistas cómo empresas enormes comenzaban su andadura en un garaje.


Garaje donde comenzó Hewlett-Packard - Foto por: Broken Sphere.

Era el sueño de todos los chicos de los 80: poder juntarnos varios amigos y crear algo nuevo para lanzarlo a un mundo inexplorado y lleno de posibilidades. Así, en garajes, comenzaron muchas de las grandes empresas que conocemos hoy en día: Apple, Microsoft, Hewlett-Packard o Amazon.

Pedí a Jon que me escribiese un pequeño párrafo en el que explicara qué significaba para él la palabra ‘garajero’ y, muy amablemente, accedió a ello.

El término ‘garajero’ me sirve para definir una afición o hobby, normalmente de carácter underground, que se desarrolla en pequeños círculos cerrados de personas y que, por norma general, no busca una proyección hacia el exterior, sino que toda la información y avances al respecto de la misma queda dentro de los cauces internos de dichos círculos.

Aunque, en principio no se busque esa proyección exterior, sí es verdad que muchas de las señas de identidad de nuestra civilización comenzaron en garajes en los que trabajaban dos o tres personas desarrollando conceptos e ideas completamente nuevas y originales. Internet ha permitido que lo que costaba un triunfo en los 80 y 90 sea bastante más sencillo ahora, pues tanto blogs como redes sociales permiten dar a conocer lo que uno hace casi sin esfuerzo.

Y, claro, cierto que yo no he creado ninguna multinacional pero, desde siempre, me encantó crear. En la segunda mitad de la década de los 80 programé, en el ZX Spectrum, varios videojuegos que enviamos a varias revistas (cabe decir que aunque ninguno fue publicado, tampoco nos importó demasiado pues nos lo pasamos en grande haciéndolos), en los 90 publiqué, durante varios años, un fanzine de literatura de terror que llegó a distribuirse bastante bien en la Comunidad de Madrid, dirigí un cortometraje, y, a comienzos del siglo XXI, creé una red social para nostálgicos de los videojuegos clásicos que tuvo bastante éxito dentro del mundillo. En la actualidad, estoy metido en varios proyectos de los que aún no puedo decir demasiado pero varios de ellos sí tienen ese corte indie, que tanto me gusta. Siempre me he considerado más próximo a lo minoritario que a los grandes fenómenos de masas y, aunque no tuve garaje hasta muy tarde, sí considero que muchos de los proyectos que he acometido a lo largo de mi vida bien pueden considerarse ‘garajeros’, calificativo éste que encierra toda la ilusión con la que se encaran los proyectos que fabrican nuestros sueños pensando que podemos entusiasmar a alguien, ahí fuera, en el exterior de nuestro garaje.

Paso gran parte del tiempo en internet o bien creando o bien investigando sobre cómo muchas personas han conseguido sacar adelante todo tipo de proyectos de corte indie y ‘garajero’. Me encanta ver cómo lucharon por conseguir aquello en lo que creían y me apasiona observar cómo consiguieron dar a conocer el producto final, producto que, en muchos casos, se ha convertido en algo universal y, en otros, en revulsivo de este mundillo en el que nos movemos todos los entusiastas de los pequeños grandes proyectos que se llevan a cabo con pocos medios y con mucha ilusión.

‘Garajero’ no es una palabra que, actualmente, se encuentre en el Diccionario de la Real Academia pero podría entrar con todas las de la ley por encerrar emociones difíciles de expresar con palabras, porque nuestro mundo les debe mucho a todos aquellos que comenzaron a desarrollar sus proyectos apropiándose del garaje de sus padres y porque somos muchos los que nos embarcamos a diario en proyectos que nos permiten disfrutar de la vida, viviéndola intensamente, de hecho, para muchos, son el motivo por el que nos levantamos cada día.

Yo me considero un ‘garajero’ desde siempre, ¿cuántos de los lectores de este blog comparten este sentimiento?

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