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Tu lenguaje te define

Caminando por la calle uno se puede hacer una idea del nivel educativo y socio-económico de las personas con las que se cruza únicamente con escuchar cómo están hablando. Aunque muchos no lo crean así, el lenguaje nos define mucho más de lo que lo hace la apariencia.

Y escribo esto porque, esta mañana, he oído a un padre dirigirse a su hija, que no tendría más de dos años, de un modo que me ha impactado tremendamente. Mi sobresalto no venía sólo motivado porque usase un tono hasta cierto punto tranquilo que contrastaba con la rudeza de su lenguaje o por sus inapropiadas palabras sino, sobre todo, por la naturalidad con la que las decía mientras la niña lo miraba impasible, sin prestarle demasiada atención, como si no fuese con ella. Increíble.

Ha querido la casualidad que momentos después mantuviese una conversación con alguien que utilizaba un lenguaje ciertamente cuidado, adaptado a la situación comunicativa, con un léxico amplio y haciendo uso de algunas figuras retóricas que adornaban su parlamento, lo que ha servido de contrapunto y me ha hecho recordar lo que les digo a los chicos todos los cursos. Me hubiese gustado haber podido grabar ambas situaciones para hacer un pequeño vídeo comparándolas. No pudo ser.

Lo repito numerosas veces en mis clases, el aspecto físico (algo que cuidan tanto los jóvenes) sirve para causar una primera impresión (superficial) sobre uno mismo pero, en gran medida, lo que va a motivar la opinión que tengan de nosotros es cómo nos expresamos, cómo hablamos, cómo redactamos, qué tipo de palabras utilizamos. Nuestro éxito o fracaso dentro de nuestro entorno social dependerá, inevitablemente, de cómo conseguimos adaptar nuestro discurso a la situación comunicativa.

Comprendo que los jóvenes utilicen una jerga que les sirva como bandera, que los identifique del resto de la sociedad, es ley de vida, pero, también, deben ser capaces de poder expresarse convenientemente, de seleccionar apropiadamente el registro lingüístico. Y, ojo, éste no sólo es el reto de los profesores de lengua, es el reto de las familias (claro que lo veo muy complicado en el caso que da pie a este post) y de toda la sociedad. No sé muy bien si es una batalla perdida pero me gustaría pensar que no, que podemos hacer entender a los chicos que el lenguaje es vital para su formación y para su vida personal. En ello estamos.

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