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La creación artística es eléctrica

Cualquier persona que se haya embarcado en la tarea de crear algo, sea lo que sea, y haya conseguido terminar el proyecto, habrá experimentado en algún momento de ese proceso creativo algo único y singular al ver que todo comienza a encajar. Es en este momento cuando se siente una electricidad especial que te invade y recorre de principio a fin.

Cuando esto ocurre, uno comprueba que el esfuerzo está mereciendo la pena y se consiguen renovadas fuerzas para dar el empujón final que el proyecto necesita y, en consecuencia, conseguir terminarlo exitosamente.

En nuestro caso, lo hemos comprobado con nuestro videojuego, el proyecto multidisciplinar en el que hemos estado trabajando este año (que, por cierto, acaba de sobrepasar las 7.000 descargas). Los comienzos fueron duros, hubo que esforzarse mucho, todo parecían flecos inconexos, algunos gráficos por allí, algunas ideas más o menos desordenadas por allá, borradores encima de la mesa y apenas una somera idea general de cómo debería ser el resultado final.

El equipo trabajó sin descanso, ilusionado por llegar al final pero, según avanzaban las semanas, no se veía ningún resultado importante y, sin embargo, nunca se dejó de avanzar, aunque, aparentemente, no se tuviese esa sensación.

Un buen día, cuando todas las bases del proyecto habían sido sentadas, cuando nos dimos cuenta de que ya teníamos bastante material, sorprendentemente, todas esas piezas inconexas comenzaron a encajar casi inercialmente y comprobamos que, de pronto, todo aquello en lo que habíamos estado soñando comenzaba a hacerse una realidad. Fue entonces cuando pudimos sentir cómo esa magia tan especial que produce la creación artística recorría eléctricamente todo nuestro cuerpo llenándolo de un tipo de ilusión no experimentado hasta ahora.

Fue en ese momento, cuando comenzamos a contemplar cómo habíamos logrado crear una realidad nueva, un nuevo mundo creativo salido de nuestra mente.

En efecto, cada vez que el creador experimenta esta electricidad se siente muy bien pues se ve capaz de concluir su creación, es ahora cuando, al enseñar a otras personas lo que se lleva hecho, éstas pueden hacerse una idea de qué es eso en lo que este creador ha haciendo, creando, construyendo donde antes no había nada. Es el momento en el que los ‘¿Cómo puedo hacerlo?’ se han transformado en ‘¡Conseguí hacerlo!’.

Esa magia, esa electricidad, producto del esfuerzo y del trabajo, te hace sentir fuerte, capaz, vivo y es en ese momento cuando uno ve posible entusiasmar a otras personas ajenas al proyecto.

La calma viene cuando por fin, después de muchos meses, se publica la obra y esa electricidad va haciéndose menos intensa, desembocando en una placentera y, al mismo tiempo, tensa calma mientras uno espera la respuesta del público, las primeras opiniones que, si son positivas, vuelven a producir esos característicos calambrazos en nuestro interior que producen una sensación tan placentera que queda grabada a fuego en nuestra memoria.

Una vez que se ha sentido, volver a crear se convierte en una necesidad vital para volver a revivir esa ‘experiencia eléctrica’ construyendo proyectos nuevos que nos hagan sentir que levantarnos cada día para esforzarnos y trabajar en lo que uno cree alimentando la ilusión, que todo lo comentado, merece la pena.

Y ésa es la razón por la que hemos comenzado a trabajar en nuestra siguiente creación que, por el momento, lleva el nombre de Martians.

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