Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información

Poesía original completa, de Francisco de Quevedo. (Ed. J. M. Blecua).

Francisco de Quevedo1. Breve biografía del autor.
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid en 1580. Su infancia no fue dichosa pues su padre falleció pronto y queda a cargo de sus tutores. Estudió en la Universidad de Alcalá de Henares y se licenció en Artes. Sirvió al Duque de Osuna en Sicilia, quien sería, tiempo después, nombrado Virrey de Nápoles tomando a Quevedo como secretario de Hacienda. En esa época, se le encargaron algunas misiones que entrañaban cierto peligro. En el transcurso de una de ellas, hubo de huir a Venecia haciéndose pasar por un mendigo. Cuando al Duque de Osuna se le destituye, Quevedo es enviado al destierro, pero al fallecer Felipe III, regresa a la corte, en donde se le nombra secretario del rey Felipe IV. Se casa (pasados los cincuenta) con una mujer viuda, de la que, no mucho tiempo después, se separó. Se le acusó de haber colocado bajo la servilleta del rey una poesía algo subida de tono y es llevado a prisión, donde pasará cuatro largos años. Al salir del calabozo, viaja a su Torre de Juan Abad para morir, tiempo después, en la localidad de Villanueva de los Infantes. El autor nos deja una increíble producción poética que va desde los delicados y amorosos versos a los más despiadados sonetos satíricos contra todo lo que le desagradaba. La Hora de todos y la Fortuna con seso (1645) es una obra que fue gestándose lentamente en la mente del escritor y, por lo tanto, su periodo de composición es extenso. Otras obras del autor son: Historia del Buscón don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños (1603), La cuna y la sepultura (1635), El Parnaso español (1648) o Las tres últimas musas (1670).

2. Contexto literario de la obra.
Nadie como Quevedo supo cultivar la sátira, pues como indica José García López, ‘es la suya una sátira que alcanza lo mismo a los vicios más repelentes que a los defectos más insignificantes’. Podemos decir que en la década de los 30 es cuando cuaja y se consolida la visión del mundo que Quevedo nos dejará en sus obras alejándose de ese apasionamiento juvenil que observábamos en El Buscón (1603). La Hora de todos y la Fortuna con seso (1645) se manda a la imprenta cuando Quevedo vive, lo que explica la cautela que, sobre ciertos temas, guardó el escritor. Tradicionalmente se ha pensado que esta obra no es más que una nueva versión de Los sueños (1627). Es un periodo conflictivo para el escritor pues es encarcelado bajo la acusación de traición por conspirar con los franceses, aunque no termina de estar claro el asunto.

3. Comentario de la obra.
La poesía de Quevedo puede clasificarse en dos grandes bloques. El primero englobaría las poesías de tono grave que persiguen la intención doctrinal y, el segundo, poemas de clara intención burlesca o amorosa que se conciben como un mero juego literario. Todo se recoge en este valiosísimo volumen a cargo del eminente José Manuel Blecua que ha guardado -como es habitual en él- el máximo rigor filológico a la hora de trabajar la filiación textual, pues es éste uno de los mayores problemas al que se presenta un filólogo cuando publica un texto clásico.

Además, de igual modo, podemos clasificar la obra del autor según su temática. Quizá, las composiciones de tipo ascético sean de las mejores de toda su producción literaria en verso y se pueden encontrar en ellas los temas que más inquietaban a los intelectuales de la época como pueden ser la fugacidad de la vida, la caducidad de lo terreno y los caprichosos designios de Fortuna. En las composiciones de tema político encontramos la advertencia moral unida a la sátira en un intento de mostrar la decadencia que sume al país en ese momento. El autor consigue la máxima expresión de este sentimiento de tristeza por la situación del país en el famoso poema que comienza con los versos ‘Miré los muros de la patria mía, / si un tiempo fuertes, ya desmoronados’.

Quevedo escribe los más bellos versos de amor de su época. Éste es un hecho que llama la atención por la misoginia aguda del escritor. Además, si un lector ha leído la poesía burlesca o satírica en primer lugar, le costará creer que ese autor que se despachaba a gusto empleando exabruptos y demás palabras malsonantes para construir mordientes poemas en los que no quedaba títere con cabeza, como se suele decir, hubiera podido escribir otro tipo de poemas realizados con la más delicada de las facturas.

Dice García López que, en conjunto, la poesía del autor ‘siempre concentrada y expresiva, presenta los típicos contrastes del arte barroco: elevación de tono en los poemas ascéticos y políticos, y escarceo intrascendente en los amorosos y burlescos, idealización de la belleza femenina en los amorosos y grotesca deformación en los de tipo satírico’. Hay que decir que la poesía quevedesca es totalmente accesible para la mayoría del público lector actual y no requiere de especial esfuerzo (salvo algunas excepciones) para comprender el sentido de la misma, lo que no ocurre con la poesía de don Luis de Góngora, por ejemplo, con el que Quevedo tuvo más de un encontronazo. Recomiendo encarecidamente que se lea este volumen pues todo aquel que quiera adentrarse en la poesía del genial escritor se emocionará, reirá y entristecerá según pasa sus sentidos por cada uno de los versos de uno de los mejores escritores españoles de todos los tiempos.

Licencia | Formación sin Barreras
Índice | Todas las reseñas del blog

Coméntalo en: Twitter Facebook Google +