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La felicidad de las mujeres, de María Fasce

La felicidad de las mujeres, de María Fasce1. Breve biografía del autor.
María Fasce nació en 1969 en Buenos Aires (Argentina). Se licenció en Letras y ha realizado una elogiosa labor como traductora de escritores tan complicados como Proust, Modiano o Sheldon. Además, es editora y ejerce el siempre difícil -y no siempre justamente reconocido- oficio de la crítica literaria. Sus primeras publicaciones aparecen en revistas y prensa diaria. La primera obra de María Fasce es El oficio de mentir, entrevistas a Abelardo Castillo (1997), aunque el reconocimiento de la comunidad literaria le vendrá con La felicidad de las mujeres (1999), recopilación de relatos que obtuvo el Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 1999.

2. Contexto literario de la obra.
Los ecos del ‘Boom de los 60’ se extinguen con rapidez en los comienzos del siglo XXI. Lejos queda ya aquello del ‘Realismo mágico’ que tan explotado fuese por muchos escritores, tanto, que quedó completamente agotado. Nace ahora una nueva generación de escritores en Hispanoamérica que está encabezada por el denominado ‘Crack mexicano’, con Jorge Volpi a la cabeza. Parece que se ha superado esa fase introspectiva de análisis de la realidad hispanoamericana y se escriben historias ubicadas fuera de sus límites geográficos. En Argentina, autores como Rodrigo Fresán dicen sentirse más cerca de los escritores norteamericanos que de los chilenos. De todos modos, hay fuerte controversia con respecto a esta cuestión y las opiniones entre los propios escritores son en extremo variopintas. Veremos en qué deriva todo esto.

3. Comentario de la obra.
Cuando el lector pase la última página de La felicidad de las mujeres se preguntará intrigado el por qué de ese título ya que en momento alguno aparecen mujeres felices. En realidad -y como nos cuenta la propia María Fasce- el libro se llamaba originalmente Celos pero cuando ganó el Premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina, le pareció un título que se podía olvidar fácilmente y lo cambió a Opacas y brillantes. Finalmente, y tras meditarlo cuidadosamente, eligió La felicidad de las mujeres, título irónico, pues no se describen personas que intenten conseguir la felicidad, sino que plantea la imposibilidad de conservar la venturanza que vende el cine y la publicidad. Así pues, María Fasce plantea la desmitificación del amor y presenta el amor como algo caduco que plantea graves problemas anímicos en sus personajes cuando se se acaba. Es importante reseñar que la obra no brinda soluciones; tal vez porque ni las haya, ni pretenda darlas la autora, por el contrario, nos presenta a los hombres como conocedores de su realidad encontrándose cómodos en ella, algo que, en la obra, no pasa con unas mujeres, sumidas en un desesperante mar de dudas.

Todos los libros de relatos suelen ser, por naturaleza, irregulares, sin embargo, en esta ocasión, María Fasce nos presenta una obra muy correcta y cuyos relatos poseen un estilo narrativo llano que hace de La felicidad de las mujeres una obra fácil de leer y asimilar. En total son doce cuentos protagonizados por mujeres en su mayoría, con un denominador común: la soledad; una soledad -muchas veces voluntaria- que radica en el desengaño sufrido en las relaciones de pareja explicando, de este modo, otro de los temas importantes en la obra: ‘Los seres humanos son como islas’ en su aislamiento y las parejas que dibuja la escritora están compuestas por personas autónomas que se nos muestran desde su psicología interior, acentuándose así ese sentimiento de soledad.

El cuento ‘Un héroe moderno’ es ciertamente interesante, pues al lector, tras plantear toda una escena llena de morbosa intriga, se le oculta información esencial para comprender la resolución del relato dejando que él mismo imagine las posibles vías que puedan tomar los personajes para salir de la situación en la que se encuentran, obligándonos a pasar de una postura pasiva a una activa para participar del proceso creativo, si bien esto puede llegar a incomodar a más de un lector, acostumbrados -como estamos- a que nos lo den todo ‘mascadito’. Hay que decir que la altura literaria del relato bien vale el esfuerzo.

Una de las mayores virtudes de María Fasce es el magnífico manejo del tiempo narrativo que hace la bonaerense. Realmente es una delicia ver cómo se producen estudiados saltos, vueltas y juegos en la narración (jamás gratuitamente) dando un atractivo dinamismo a la historia. Esto lo observamos especialmente en el magnífico ‘Buenos Aires-Tokio’ (que merece estar antologado en cualquier recopilación mínimamente seria de la narrativa hispanoamericana de comienzos de siglo). El estilo del relato, muy depurado, genera una atmósfera de melancolía que fagocita -inevitablemente- al lector.

La felicidad de las mujeres es un libro bien escrito que agradará al público en general pero, me temo, que no creará seguidores acérrimos de María Fasce. Ésta es una escritora joven que posee suficiente potencial como para llegar a escribir una gran obra (esperemos que sean más) pues tradujo a un autor tan extremadamente complicado, no lo olvidemos, como Proust y no lo nada hizo mal.

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