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Eloísa está debajo de un almendro, de Enrique Jardiel Poncela

Eloísa está debajo de un almendro1. Breve biografía del autor.
Jardiel Poncela nace en Madrid en 1901. Su primera obra representada es Una noche de primavera sin sueño (1927) aunque no es la primera que escribe. Una de sus obras más estudiadas por la crítica universitaria es Cuatro corazones y marcha atrás (1936) pues es en esta obra en donde el dramaturgo alcanza su madurez literaria. La Guerra Civil, sorprendentemente, no supone un cambio ni en la trayectoria literaria de Jardiel Poncela ni una variación en cuanto al tono o temática de sus obras. En 1936 es detenido en el Madrid republicano. Consciente de que puede ser fusilado huye a Barcelona y allí se embarca para Argentina. Buscó fortuna en Hollywood como guionista de cine, aunque no llegó a triunfar. Al finalizar el enfrentamiento, regresa a España optando por una postura simpatizante para con el régimen franquista. Su última obra es Los tigres escondidos en la alcoba (1949). Enrique Jardiel Poncela murió en la más absoluta pobreza en 1952. Otras obras del autor son: Usted tiene ojos de mujer fatal (1933), Las cinco advertencias de Satanás (1935), Un marido de ida y vuelta (1939) o Los habitantes de la casa deshabitada (1942).

2. Contexto literario de la obra.
En el teatro de la posguerra se aprecian tres líneas principales: una, que sigue las trazas conservadoras del teatro de Jacinto Benavente. Por otra parte, tenemos un teatro cómico, de escaso valor literario, pero en el que destacan autores como Miguel Mihura o Jardiel Poncela con obras si no interesantes, al menos, curiosas. Finalmente, una tercera línea dramática que se aleja considerablemente de las dos anteriores, pues se trata de un teatro grave y comprometido con el momento histórico (siendo su máximo representante Buero Vallejo). El recibimiento que Eloísa está debajo de un almendro (1940) ha tenido en el público a lo largo de sus innumerables representaciones ha sido muy variado y digo innumerables porque tanto los lectores como los espectadores sienten que el humor que destila está dotado de la suficiente frescura como para seguir reivindicando su vigencia; razón que justifica su continuada presencia en la cartelera.

3. Comentario de la obra.
A pesar de la simpatía que el escritor profesaba al régimen franquista, no encontraremos en Eloísa está debajo de un almendro referencia alguna a cuestiones políticas que sirvan de propaganda o justificación. Por el contrario, el objetivo del dramaturgo son las consecuencias que se extraen del enfrentamiento de lo real con lo inverosímil, de lo lógico con lo imposible. La acción dramática transcurre en casa de los Briones, una casa de locos (hasta entonces, en la Literatura, sólo a los dementes les estaba permitido enunciar las cáusticas y corrosivas verdades en su imparable verborrea); así, en el teatro de la época, la aportación de Jardiel Poncela supone una pequeña revolución pues otorga el protagonismo a un grupo de locos de atar mientras que sus contemporáneos únicamente hacían uso del orate, como personaje, de forma ocasional. Sin embargo, los personajes de Poncela están tipificados hasta el punto de constituir rígidos arquetipos dramáticos que al espectador de hoy pueden resultar algo livianos. Pero lo cierto es que cumplen a la perfección su cometido en el intrincado juego de relaciones que subyace en la obra, acentuando de este modo la buscada comicidad.

Como dice el crítico Díez de Revenga, Jardiel Poncela quiere conseguir grandes invenciones abstractas pero, casi siempre, se pierde. En sus obras ‘se arma un gran barullo a fuerza de acumular tipos y situaciones ocasionales surgidas al correr de la pluma’ para, luego, en el tercer acto querer explicarlo todo en un intento de otorgar una trabazón a través de ‘malabares concatenaciones [explicativas] que, en algunos casos, confunden al espectador’. Sin embargo, y al menos en Eloísa está debajo de un almendro, esta saturación de la escena no tiene otra motivación que la parodia y el humor. Es importante señalar que la vitalidad de sus diálogos no radica en la mera asociación de ideas, los juegos de palabras, refranes o redichos populares; por el contrario -y en palabras de María José Conde Guerri- la comicidad dialógica está en la propia ‘caricaturización de la comicidad lingüística’.

La escenografía de la obra es, cuando menos, sorprendente y atrevida. Jardiel Poncela, en un gesto de libertad creativa, se permite subir a escena conceptos que no parecen ser, al menos a priori, representables. Quizá la locura de los protagonistas sea la que permita dotar a la escena de esos elementos que, aun perteneciendo a la más absoluta cotidianeidad, se nos revelan como completamente ilógicos.

Apuntan los críticos antes mencionados que el absurdo lógico de Miguel Mihura es más bello y rico, pero sin la aportación teatral de Jardiel Poncela no hubiera sido posible. El teatro del autor que ahora tratamos ha quedado enquistado -a modo de curiosidad- en la historia de la literatura española. Leer Eloísa está debajo de un almendro nos divertirá en gran medida y, aunque no aporte grandes hallazgos literarios, la obra teatral nos descubrirá una nueva forma de contemplar la realidad, pues… ¿no es la realidad absurda en sí misma? El autor así lo cree y nos deleitará con ese lógico absurdo que tan famoso le ha hecho.

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