Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información

La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca

La venganza de don Mendo, de Pedro Muñoz Seca1. Breve biografía del autor.
Pedro Muñoz Seca nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) En 1881. Viaja a Sevilla para estudiar Derecho y Filosofía y Letras para, posteriormente, recalar en la capital de España. En Madrid le esperarían momentos difíciles, pero tras entrar en el bufete de Antonio Maura consiguió el puesto de Jefe de Negociado en la Comisaría General de Seguros. La venganza de don Mendo (1918) es quizá su obra más famosa y hoy en día se representa frecuentemente en ciudades de todo el mundo. Su producción literaria es amplísima y, en total, escribió más de trescientas obras teatrales. Era conocido su antirrepublicanismo, elemento este que será determinante en su vida, pues Pedro Muñoz Seca muere en 1936 a manos de las tropas leales a la República. Otras obras del autor son: El verdugo de Sevilla (1916), La oca (1931), El conflicto de Mercedes (1922), o Anacleto se divorcia (1932).

2. Contexto literario de la obra.
Pedro Muñoz Seca fue un autor muy aplaudido en su tiempo y creó lo que pasó a denominarse astracán. Lo cierto es que este género teatral se caracteriza por su dudosa literariedad, si bien, esto no importó a un público que parecía carecer de un gusto refinado para con el teatro. El astracán se impone en las tablas madrileñas a partir de 1915 y durante aproximadamente una década cosecha notable éxito. Junto a Muñoz Seca, triunfan en estos años autores como Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero. Este grupo de escritores hará un teatro esencialmente lúdico cuyo propósito no es otro que el de entretener a un público poco exigente que no presta demasiada atención a la calidad literaria de las obras.

3. Comentario de la obra.
En palabras de Nicolás González Ruiz: ‘la peculiaridad del astracán consiste en llevar el convencionalismo […] y dejarlo descarnado ante el público’. No podemos obviar lo que Francisco Ruiz Ramón (uno de los más eminentes críticos teatrales del siglo XX) ha dicho al respecto: ‘El astracán supone como causa final el retruécano, al cual se supedita la acción, las situaciones y los personajes desarticulados y vueltos a articular en función de aquél’. El retruécano es una figura retórica que consiste en invertir los términos de una proposición para que se origine un contraste que haga, por lo menos, sonreír al espectador. He de reseñar aquí, que esta obra no se caracteriza por ser una de las grandes contribuciones de la literatura española a la literatura universal, pero si algún mérito tiene esta obra de Muñoz Seca es el suntuoso y fácil manejo que del idioma hace el autor, y los entendidos de la fiesta taurina comprobarán que muchas son las referencias y guiños al espectador mediante el empleo del lenguaje propio de la tauromaquia. Además, y en gran parte por ser una obra compuesta en verso, el ritmo de la frase discurre fácil y con notable gracia en muchísimos momentos, como por ejemplo en la descripción que se hace del juego de las siete y media.

La venganza de don Mendo es, sobre todo, una parodia de los dramones históricos románticos en la que muere hasta el apuntador. Lo propio del astracán es la radicalización, así el drama histórico ha sido rebajado hasta convertirse en una farsa burlesca plagada de anacronismos. No debe pensarse por esto que es una obra aburrida, lo cierto es que se trata de una obra teatral brillante que divierte a todo aquél que asiste a su representación.

El protagonista, don Mendo, es el héroe tradicional del Romanticismo que, en este caso, recoge los frutos del engaño del que es objeto. Muñoz Seca parodia a la dama que, en la tradición literaria, se mantiene fiel a sus sentimientos; así, nos muestra a una dama que reniega del amor del noble amante don Mendo por la holgura económica que le promete su casamiento con el duque de Toro. Como muy acertadamente apunta Salvador García Castañeda, ‘La venganza de Don Mendo es un drama de honor protagonizado por gentes que no lo tienen [y] en lugar de principios morales hay conveniencias, en lugar de amor, caprichos y líos de faldas’.

En fin, cuando en 1918 se estrenó en las tablas madrileñas La venganza de don Mendo, no se escatimaron gastos y tanto gustó al público de esa primera representación que el propio Pedro Muñoz Seca tuvo que salir a saludar al final de cada jornada ante la insistencia del respetable. Hoy, en pleno siglo XXI, parece que la obra ha aguantado bien el paso del tiempo, pues se ha representado gran cantidad de veces con gran éxito de público, si bien la crítica -como vuelve a apuntar Salvador García Castañeda- no tiene una buena opinión ni de esta obra, ni del astracán como tal. Meditando una postura justa, diré que La venganza de don Mendo, es una obra que entretiene al modo que lo hacen muchas películas americanas, pues no tiene más pretensión que la de hacer pasar un rato más o menos -a veces menos- agradable. Una cosa hemos de tener clara, la obra, evidentemente, no pretende, en modo alguno, equipararse con las tragedias shakespearianas, ni con las comedias de capa y espada lopescas, ni con la hondura ni el calado de las obras de nuestro querido Calderón de la Barca. Así, su único propósito es entretener.

Licencia | Formación sin Barreras
Índice | Todas las reseñas del blog

Coméntalo en: Twitter Facebook Google +