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Auto de los Reyes Magos, anónimo

1. Breve biografía del autor.
La obra fue hallada en un códice de la Biblioteca del Cabildo de Toledo que permanece, hoy en día, en los fondos de la Biblioteca Nacional. José Amador de los Ríos la dio a conocer aunque fue Ramón Menéndez Pidal el que realizó la primera edición crítica del Auto de los Reyes Magos. Aunque en un principio se pensó que pudo ser escrito en el siglo XIII, lo cierto es que un riguroso análisis de los elementos lingüísticos de la pieza teatral nos revela que estamos ante una obra del siglo XIV. En todo caso, se trata de la única pieza escrita en lengua romance anterior al siglo XV, que no es poco.

2. Contexto literario de la obra.
Durante la Edad Media no hay en Castilla más tradición dramática que la de las representaciones parateatrales y las litúrgicas. El Auto de los Reyes Magos es lo único que nos ha llegado y, en la actualidad, la práctica totalidad de la crítica piensa que los orígenes del teatro medieval se encuentran en las solemnidades religiosas. Este origen hay que buscarlo en los tropos: pequeños cantos que se añadían a la ceremonia religiosa y que poco a poco fueron adquiriendo importancia y entidad propia hasta constituirse en verdaderas obras teatrales de tipo religioso que lentamente fueron abandonando el uso del latín para terminar utilizando lengua vulgar. Dichas composiciones eran representadas por sacerdotes en el interior de las iglesias. Su éxito fue tal que pronto tuvieron que sacarse estas representaciones de los interiores sacros y realizarlas en las plazas de los pueblos.

3. Comentario de la obra.
El Auto de los Reyes Magos es una pieza madura de acusada e interesante polimetría, que ha necesitado de una tradición anterior que permitiese su composición. En ella, cada uno de los tres Reyes Magos emite una opinión sobre la estrella aparecida en el cielo, en ella contraponen su fe al análisis de la razón. Tras encontrarse, deciden ir a Belén para comprobar mediante ofrendas si el niño que acaba de nacer es el hijo de Dios o un hombre cualquiera. Así, tras visitar a Herodes parten a Belén y éste (víctima del temor que le sugiere Jesús) reúne a su corte de sabios para deliberar acerca de las noticias que le acaban de llegar, pero éstos no son capaces de llegar a una conclusión y riñen. Aquí acaba el manuscrito que hasta hoy nos ha llegado pero todo hace pensar que estamos ante un fragmento (bastante breve, por cierto) de lo que sería la obra original pues lo lógico hubiera sido que acabara con los tres Reyes Magos ofreciendo sus regalos a Jesús.

Según A. D. Deyermond, algunos rasgos de la obra derivan de los poemas narrativos franceses acerca de la infancia de Jesús y la línea maestra de la narración está tomada del Evangelio de san Mateo. Además, este crítico cimenta su teoría asegurando -con notable criterio- que ‘las palabras traídas a rima no riman según la pronunciación castellana [sino que lo hacen] en lengua gascona’; argumento que también sostiene el eminente Rafael Lapesa. Esto le lleva a pensar que es posible que fuera un sacerdote gascón establecido en Toledo el autor del Auto de los Reyes Magos. Si esto fuera cierto, pudiera ser que estuviésemos ante una traducción de un texto francés, con lo que la pieza no sería una manifestación puramente castellana de teatro medieval primigenio. Hay que tener en cuenta que si fuese una manifestación literaria originaria de Castilla basada en una tradición dramática anterior de carácter religioso, el hecho de que no nos hayan llegado más textos de este género nos hace pensar que las obras compuestas de esta guisa debieron ser ciertamente escasas o inexistentes.

El auto se estructura en siete escenas de las cuales, la cuarta es la que sostiene todo el eje dramático y, como ha apuntado la crítica, se centra en los textos apócrifos sobre el nacimiento de Jesús. Las tres primeras escenas tienen la misión de caracterizar psicológicamente a cada uno de los Reyes Magos a través de sus respectivos soliloquios. La duda se instala en todos y cada uno de los personajes con la diferencia de que, en Herodes, está motivada por la ignorancia y por la irritabilidad que muestra a través de la violencia verbal con la que se expresa.

Los estudiosos del Auto de los Reyes Magos piensan que su representación podía considerar una escenificación en dos espacios simultáneos, algo totalmente factible en el interior de los templos de la época. Leer esta pequeña obrita supone un instructivo e interesante ejercicio pues, como dice Ana María Álvarez Pellitero, ‘es el único drama del siglo XII [aunque, como ya dije, yo, particularmente, pienso que es considerablemente posterior] compuesto enteramente en una lengua vernácula y es, también, el drama más antiguo relacionado con el Ordo Stellae que se ha conservado en lengua vulgar’; constituyendo también un valiosísimo documento.

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