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¡Que viene mi marido!, de Carlos Arniches

1. Biografía del autor.
Carlos Arniches nació en Alicante en 1866. Tras un breve periodo en Barcelona colaborando en el periódico ‘La Vanguardia’, se establece en Madrid. Durante bastante tiempo se dedicó a los libretos de zarzuela para, poco a poco, ir adentrándose en el mundo del teatro y dotar al simple sainete de entidad propia creando lo que se vino a llamar la ‘tragedia grotesca’. Perteneciente a este género es La señorita de Trevélez (1916), una de sus obras más famosas y que sale a escena con gran éxito de público y notable discrepancia de opiniones en la crítica especializada. Dos años después, estrenaría ¡Que viene mi marido! (1918) con un reparto excepcional. Su producción literaria es inmensa y una treintena de sus obras han sido adaptadas al celuloide. Arniches retrató la sociedad madrileña con verdadera gracia, lo que le valió el cariño de todo el pueblo de Madrid. Carlos Arniches murió en esta ciudad en 1943. Otras obras del autor son: La flor del barrio (1919), Es mi hombre (1921) o La locura de don Juan (1923).

2. Contexto literario de la obra.
El teatro del primer tercio del siglo XX es un teatro en crisis que se encuentra anclado en la vulgaridad, distanciándose, de este modo, de la increíble revolución estilística que habían supuesto las vanguardias. Así, el mercantilismo se había apoderado de las salas de representación en un intento de entretener a un público poco -o nada- exigente. Triunfan en estos años autores como Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Quintero junto a Pedro Muñoz Seca y su astracán. Esta situación no tardará en cambiar pues tanto Ramón María del Valle-Inclán como Federico García Lorca proponen un teatro completamente renovado que ha pasado a la historia de la literatura universal. Carlos Arniches comienza a escribir a finales del siglo XIX obras teatrales en colaboración con otros autores. Pero será a principios del siglo pasado cuando escriba (esta vez en solitario) las llamadas ‘tragedias grotescas’ que tanto entusiasmaban al público que asistía a sus representaciones al tiempo que creaba grandes divergencias en la crítica que aún hoy persisten.

3. Comentario de la obra.
Estamos ante una obra que no pretende -en modo alguno- realizar estudios existenciales ni crear personajes de profunda complejidad, por el contrario, ¡Que viene mi marido! es una pieza teatral cuyo fin, más que nada, es entretener a un público complaciente que va al teatro a pasar un rato de agradable asueto mientras ríe con lo que en escena acontece. Carlos Arniches, verdadero maestro del enredo, nos presenta un intrincado planteamiento que va haciéndose progresivamente más complejo hasta que se resuelve de modo rápido y fácil.

El padrino de Carita, un indiano, se enamora de ella tras venir de América, pero ella lo rechaza, pues tiene un novio a quien quiere mucho. Él, al sentirse rechazado, asegura a Carita que deseará la muerte de la persona a la que ama. De este modo, al morir y leer el testamento, comprobamos que deja a su ahijada tres millones de pesetas que podrá cobrar sólo cuando quede viuda. Ante tal ardid, planean uno aún mayor y la casan con un moribundo que revive y quiere exprimir a la familia para obtener la mayor tajada posible, mientras adereza sus parlamentos con divertidos chistes que gustaron no tanto a la crítica como al público que asistió a su representación. Así el enredo queda definido muy acertadamente por la madre de Carita: ‘Ahí tienes a mi pobre hija, casada sin pensarlo, soltera sin serlo y viuda sin poderlo ser’.

El autor juega en todo momento con lo que sabe y no sabe el público para motivar el interés de éste que bien puede impacientarse (aunque sin llegar a desconectar de la trama, puesto que no estamos más que ante un juego dramático sabiamente utilizado por Arniches) en su creciente ansia de interés. Así, se retrasa la entrada de esa valiosa información que nos dará la clave, que nos explicará el porqué de la tribulación que sufren los personajes mientras éstos comentan lo que ha pasado e, incluso, en sus pláticas, se requieren esa información que no terminan de ofrecer los interlocutores manteniendo al público expectante. Esto es particularmente patente en el primer acto cuando se demora la entrada de Bermejo, el moribundo que posteriormente volverá a la vida.

Durante toda la obra, estos personajes hacen gala de un lenguaje popular lleno de guiños lingüísticos fácilmente reconocibles por los posibles asistentes a la representación que otorgan una nota más de humor, que, además, se acentúa notablemente cuando intentan colocar expresiones cultas en sus parlamentos, dando pie a ingeniosos juegos de palabras. Los personajes diseñados por Arniches, desde la familia cotilla Palomo hasta la señora de Bermejo, tienen un único fin: servir a la comicidad, una comicidad que se torna, en varias ocasiones, en irresistible hilaridad; sobre todo en los momentos en los que se juega deliberadamente con la idea de la muerte.

¡Que viene mi marido! es una obra fácil, muy accesible para todos los públicos. A pesar de su sencillez, entretiene notablemente tanto a los lectores como a los espectadores. En la actualidad, seguimos viendo ejemplos de este teatro cómico como la recientemente estrenada La cena de los idiotas, una comedia ciertamente idiota, facilonga y llena de horrendos chistes caducos y trasnochados que intenta asimilar las formas de Arniches con tan mala fortuna que casi puede considerarse una tomadura de pelo. Afortunadamente, siempre nos quedará Arniches, que sin ser un gran dramaturgo (entendiéndose el término ‘drama’ como obra teatral) cumple a la perfección su propósito de divertir.

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