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Poesía española de vanguardia. (Antología)

1. Breve biografía del autor.
Gran parte de la crítica piensa que jamás existió una vanguardia en nuestro país, por el contrario, se asegura que los escritores españoles publicaron pequeñas joyas que no poseen la suficiente fuerza de conjunto como para hablar de movimiento literario. En todo caso, y como necesitamos de una acotación para su estudio, diremos (polémicas aparte) que podemos fechar el movimiento de vanguardia de 1920 a 1939. Es una literatura que se publica fundamentalmente en revistas, entre las que destacan ‘Vltra’, ‘Horizonte’, ‘Tableros’ o ‘Grecia’. La nómina de autores vanguardistas no es escueta, destacan: Xavier Bóveda, Rogelio Buendía, Rafael Cansinos-Assens, Pedro Garfias, Rafael Lasso de la Vega, Eugenio Montes, Guillermo de Torre, Adriano del Valle o Juan Larrea, entre otros y, también, los poetas surrealistas del Grupo poético del 27. La vía de entrada de las nuevas ideas es la Residencia de Estudiantes, en Madrid.

2. Contexto literario de la obra.
Las vanguardias se sitúan entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial. La crisis que se produjo tras la Primera Guerra Mundial trae un gran cambio social en donde se rompe la idea del progreso técnico y científico para la paz. Estamos ante una fuerte expansión del capitalismo entremezclado con el fervoroso auge del nacionalismo. Los movimientos de marcado carácter social como el marxismo y el comunismo se contraponen, durante la década de los 20, a las doctrinas totalitarias que arraigan fuertemente en Europa. El arte de vanguardia se politiza fuertemente por la participación de los artistas en una u otra corriente. Además, no es trivial la influencia que el increíble progreso técnico y científico de principios de siglo ejerció en las artes (como, por ejemplo, la Teoría de la relatividad, la popularización del automóvil, el cine, la radio o el teléfono). Tal es así, que se ve el mundo a través del conocimiento científico. En España, será Ramón Gómez de la Serna el que comience a publicar literatura de vanguardia en la revista ‘Prometeo’, de la que era director.

3. Comentario de la obra.
El movimiento de vanguardia supone un fenómeno sistemático de ruptura con lo anterior. Es un movimiento deliberadamente provocador que se presenta a través de manifiestos y diversos actos públicos. Su intento de ofrecer una nueva configuración no hemos de considerarlo como un simple cambio generacional porque va más allá de los géneros y las artes. Tal es así que hace que desaparezca el concepto de género difuminándose las fronteras de las artes pues, por ejemplo, la literatura empleará técnicas pictóricas en la disposición tipográfica. El lenguaje tiene que expresar la vida social, pero también la de los artistas en confrontación con las realidades técnicas y científicas. Observamos, de este modo, lo que Ortega y Gasset denominó ‘la deshumanización del arte’. Destaca que, frente al rechazo de la modernidad científica y técnica por parte de simbolistas y modernistas desde una postura asocial, el artista de vanguardia acepta la técnica y la ciencia que influyen decisivamente en el mundo moderno y, a la postre, en su modo de ver la realidad. Pero la vanguardia es efímera e inestable porque tiene más claro lo que rechaza que lo que busca.

Varias son las tendencias que encontramos en la antología aunque el editor las agrupa en torno a tres grandes movimientos: Ultraísmo, Creacionismo y Surrealismo. Observamos cómo el ultraísmo aboga por la primacía de la imagen y la metáfora lúdica y desestima lo narrativo y lo sentimental. También encontramos poemas cubistas. En 1907, Las demoiselles d’Avignon de Picasso inaugura el cubismo, aunque hay que notar que el cubismo literario no aparecerá hasta después de 1914. Se huye de la puntuación y de la métrica, en el poema predomina la descomposición, la fragmentación y la recomposición y domina la realidad intelectual sobre la realidad sensorial eliminándose lo anecdótico y lo descriptivo con el objetivo de otorgar una autonomía absoluta a la obra artística que, además, está desposeída de toda nota sentimental. Los poetas españoles imitan los Caligramas de Apollinaire representando figuras hechas a base de palabras.

Por otra parte, en los poemas futuristas, la modernidad queda reducida a la imagen del dinamismo y la velocidad. Se define por su agresividad contra los principios académicos establecidos negando el pasado y abriéndose hacia el futuro. Se destruye la sintaxis, se elimina el adjetivo y los verbos aparecen en infinitivo al tiempo que observamos la supresión de la puntuación y una redistribución de la página siguiendo la disposición plástica con la que se pretende acentuar ese dinamismo que mencionaba antes. Así, la poesía ha de ser una serie ininterrumpida de imágenes nuevas con supresión del yo poético y negación de la presencia de la psicología en el texto.

Será el Dadaísmo otro de los movimientos más característicos de la época pero uno de los que menos propuestas concretas aporta. Esto se debe tanto a su carácter negativo como al activismo de sus propagadores, que pretenden hacer una negación del arte a través de la destrucción del lenguaje mediatizada por el efecto del azar.

En la antología, apreciamos dos tendencias que resultaron muy productivas: una, el Creacionismo de Vicente Huidobro en el que se considera al poeta como pequeño dios (Huidobro sintetizó el movimiento creacionista en la máxima: ‘Poetas no cantéis a la rosa, hacedla florecer en el poema’); y dos, el Surrealismo, (aunque gran parte de la crítica (incluso el propio Rafael Alberti) ha negado que en España se hubiera producido manifestación surrealista alguna). Los poetas españoles supieron aprovechar lo mejor del movimiento surrealista para crear una nueva forma de expresión; se rechaza la escritura automática como fuente de inspiración surrealista y se esfuerzan por indagar en lo onírico y en la subconsciencia.

El lector de poesía ultraísta ha de leer este tipo de poesía con un talante abierto y aceptar la sorpresa como elemento motivador. La antología que comento está llena de pequeñas joyas vanguardistas que merecen ser tenidas en consideración. Además, hemos de tener en cuenta que toda la literatura finisecular debe su razón de ser a los experimentos vanguardistas de comienzos de siglo; no hemos de olvidarlo.

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