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Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías

1. Breve biografía del autor.
Javier Marías nació en Madrid en 1951. Su padre es miembro de la Real Academia de la Lengua y durante el franquismo tuvo problemas para ejercer la docencia. Cursa estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense. Tras escribir algunos cuentos y ser guionista de varios cortometrajes publica su primera novela con el auspicio de Juan Benet Los dominios del lobo (1971). Tras finalizar los estudios universitarios trabajará en Barcelona en la Editorial Alfaguara. A partir de 1977 sus colaboraciones en prensa se harán habituales. Javier Marías es un excelente traductor que con mimo ha traducido al español a los complicadísimos -pero sublimes- Faulkner, Proust, Conrad o Nabokov, recibiendo varios premios por su labor. Su madurez y consagración como escritor viene con Todas las almas (1989) entrando en una fructífera y excelente década de producción literaria con títulos como Corazón tan blanco (1993), Mañana en la batalla piensa en mí (1994) y una obra muy trabajada que no fue entendida ni por el público ni por la crítica: Negra espalda del tiempo (1998). La obra de Javier Marías ha sido traducida a gran número de lenguas con gran éxito de público y ha recibido multitud de premios literarios. Otras obras del autor son: Travesía del horizonte (1972), El monarca del tiempo (1978) o El siglo (1982).

2. Contexto literario de la obra.
En los años 90 observamos un resurgir de la novela, grandes escritores se consagran y aparecen otros que tienen mucho que decir, como es el caso de Juan Manuel de Prada, Arturo Pérez Reverte o Manuel Rivas. La novela experimentalista sigue dando, en esta década, novelas reseñables que obtienen gran éxito comercial, aunque la crítica se muestre algo más reticente en valorarlas. Mañana en la batalla piensa en mí (1994) es la mejor obra de la producción de Javier Marías hasta ese momento. Marías dice no explicarse el furor que se desata por sus obras, puesto que las considera difíciles, de hecho Negra espalda del tiempo (1998) -quizá su novela más hermética- es una obra que probablemente no se entienda hasta dentro de algunos años, pues, a mi entender, ha sido juzgada con demasiada ligereza.

3. Comentario de la obra.
Éste es uno de esos libros tan característicos de la producción literaria finisecular que comienzan a partir del fallecimiento de un personaje (recurso que se puso de moda a partir de la obra de Faulkner y que fue cultivado -entre muchos otros- por Eduardo Mendoza, Julio Llamazares, Antonio Muñoz Molina o el propio Javier Marías). El protagonista se cita con una mujer casada en su apartamento. Tras cenar, acuestan al hijo de la mujer y al encontrarse indispuesta le pide que la abrace para, posteriormente, morir en sus brazos. Esto representa una novedad, puesto que muchos son los comienzos con muerte de un personaje, pero casi siempre es una muerte abrupta y violenta, así, en este caso, el fallecimiento casi es dulce. Comienza de este modo la obra y Marías dedicará el primer centenar de páginas al análisis (que es una verdadera delicia) que el protagonista hace de la situación.

Mañana en la batalla piensa en mí es esencialmente un libro narrativo, su prosa, de tirada larga, transcurre con morosidad; así, vemos que domina el diálogo interior y los circunloquios en detrimento del diálogo. La novela se centra en las obsesivas elucubraciones que la mente de Víctor (el protagonista) va elaborando a tenor de los sucesos en los que se ve inmerso. Sin embargo, todos y cada uno de los personajes han tejido una telaraña a su alrededor que hace dificultoso saber en qué situación se encuentran, pero a medida que avanza la narración, se nos va desgranando poco a poco la idiosincrasia de cada uno de ellos. Este tipo de narrativa la intentó cultivar Giralt Torrente (sobrino de Torrente Ballester) fallando estrepitosamente en la tentativa.

Quizá, lo que hace grande a esta novela -además del magnífico estilo con el que está escrita- sea la ambigüedad. En muchos momentos, el lector queda fascinado por los sucesos que acaecen sin que Marías presente una solución a la intriga. El lector sabe tanto como el personaje, y si éste se queda sin resolver algún asunto, nosotros también quedaremos sin enterarnos de qué es lo que se esconde detrás del velo. Es el caso de uno de los pasajes más bellos de Mañana en la batalla piensa en mí: el protagonista se entera por terceros de que Celia (su esposa) se está prostituyendo pero, a pesar de sus indagaciones (que incluirá contratar a la prostituta que dicen que es su mujer), no consigue averiguar si realmente es su esposa o no. De este modo, el lecto se queda con las mismas dudas que invaden la mente del protagonista y queremos la resolución del conflicto. Sin embargo, Javier Marías, nos convence, con su prosa, de que realmente es mucho más interesante dejarlo en suspenso, y que el lector desgrane la acción sacando sus propias conclusiones. Se intenta, así, hacer un paralelismo con la vida real, pues cuántas veces nos hemos quedado nosotros con la intriga de algún aspecto de nuestra vida, dejando la intriga irresoluta y, lo que es peor, sin ningún tipo de ansias por solucionarlo. Hemos de decir que Víctor, el protagonista sí tomará algunas medidas que le permitan averiguar si la prostituta en cuestión es su mujer, pero no tardará en postergar la investigación.

Cabe decir que el final de la obra no es -en modo alguno- revelador, no supone uno de esos finales que otorgan una nueva dimensión a todo lo expuesto con anterioridad en la obra. Shakespeare, Faulkner, Benet, son autores que sustentan la temática y el estilo de esta preciosa y, al mismo tiempo, complicada novela. Así, no encontramos en la narrativa de Javier Marías otra pretensión que no sea la de hacer literatura; y sí, Mañana en la batalla piensa en mí es literatura, y de la buena.

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