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Lazarillo de Tormes, anónimo

1. Breve biografía del autor.
El Lazarillo (1554) fue publicado de forma anónima y su autoría es -aún hoy- un problema que dista mucho de estar resuelto. Se han apuntado como posibles autores a Fray Juan de Ortega y a Diego Hurtado de Mendoza. La crítica universitaria sigue estudiando la cuestión y persiste en su tarea investigadora registrando los fondos de bibliotecas y archivos en busca de algún documento o escrito que permita desvelar el misterio. El Lazarillo aparece en Burgos en 1554 y simultáneamente salen otras dos ediciones en las ciudades de Alcalá de Henares y Amberes.

2. Contexto literario de la obra.
En su tiempo, la obra fue identificada como una colección de burlas y bromas. Sorprende además que tuviera muy pocas ediciones, algo que pudo estar motivado por la censora actuación de la ‘Santa’ Inquisición, pues El Lazarillo de Tormes (1554) posee una aguda crítica social, de hecho, las críticas van dirigidas, sobre todo, al estamento clerical y a las costumbres religiosas de su tiempo.

La novela picaresca es una de las más importantes aportaciones de la literatura española a la universal y la figura del pícaro queda, inevitablemente, asociada a Lázaro. Son muchos los tratados y estudios que analizan la literatura picaresca aportando una increíble diversidad de posturas acerca de sus características, (incluso hay críticos que señalan que la picaresca nace y muere con el Lazarillo). En términos generales, podremos decir que el pícaro posee ascendencia vergonzosa, algo que lo convierte en antihéroe. Además, se pone al servicio de varios amos durante un breve espacio de tiempo en su afán de ascenso social que, por cierto, siempre será frustrado. En lo que se refiere a la literatura picaresca, al Lazarillo (1554) le sucederá Guzmán de Alfarache (1599), obra de obligada referencia y dificultosa lectura por ser extremadamente densa y estar plagada de digresiones.

3. Comentario de la obra.
La obra cuenta la vida de Lázaro de Tormes desde su nacimiento hasta el presente narrativo, momento en el que consigue un puesto de trabajo en Toledo y se casa con una mujer que, además, mantiene relaciones sexuales con el arcipreste. El fruto que el esfuerzo de Lázaro ha dado es haber conseguido trabajo como pregonero, oficio muy desprestigiado en la sociedad del siglo XVI. Estamos ante una novela esencialmente realista pues tanto la técnica narrativa como las continuas referencias a la cotidianeidad nos dan prueba de ello.

La condición social que ostenta Lázaro dista mucho de la que tenían los protagonistas de las novelas de caballerías, pues en ellas, siempre podíamos observar que el héroe actúa siempre movido por su ilustre linaje y acorde a los ideales de justicia y belleza. Sin embargo, el protagonista es un ‘yo’ de baja condición social, que se propone escribir una carta en la que cuenta su vida desde un punto de vista crítico, algo realmente original para la época. Así, el protagonista narra de forma autobiográfica sus desventuras y, como señala José García López, ‘la sucesiva aparición de personajes de diversa índole es, en el fondo, un mero pretexto para someter determinados aspectos de la sociedad a una sátira más o menos dura’. Observamos además, el patente determinismo que impregna la obra pues, en dicha carta, el protagonista explica que sus orígenes serán siempre una traba que le impedirá ascender socialmente.

La temática está desarrollada mediante una técnica que se emparenta con la manera de narrar los cuentos antiguos. Los siete tratados de la obra se disponen como las cuentas de un collar, de modo que sólo podemos conocer la vida del protagonista leyendo todos los capítulos. Hoy en día -y debido a los maravillosos estudios de Francisco Rico- sabemos que la división en tratados no procede de su autor, sino que corresponde al capricho, o bien del impresor, o bien del preparador del texto, demostrando por su parte poca imaginación y escaso sentido común, pues la horrorosa división en capítulos (atendiendo al cambio de amo) no parece producto de la decisión de ese autor anónimo, tras haberse examinado la ordenación de los pliegos que componen las ediciones que se conservan.

El estilo de la obra se caracteriza por ser llano y sencillo. El lenguaje utilizado es verdaderamente delicioso y posee una frescura tal, que recomiendo encarecidamente la lectura del Lazarillo en castellano antiguo. El lenguaje tiene tal vitalidad que contribuye a reforzar el realismo de la obra, y, de este modo, no escasean los refranes, dichos y modismos.

Las interpretaciones que la crítica ha dado sobre la obra son muy diversas y van desde la mera pretensión artística del autor (García de la Concha) a una finalidad simplemente jocosa (Bataillon), pasando por los que consideran que es una obra que está fuera de su tiempo y no encierra sátira alguna, puesto que carece de ánimo correctivo. Lo cierto es que la vigencia del Lazarillo es hoy incuestionable, pues cada día aparecen nuevos estudios (increíblemente divergentes) sobre la obra, estudios que nos permitirán un mejor acercamiento a la misma. Sobra decir que es un libro in-dis-pen-sa-ble en nuestra biblioteca.

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