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La Celestina, de Fernando de Rojas

1. Breve biografía del autor.
Fernando de Rojas nació en Puebla de Montalbán hacia el año 1475. Según Gilman, el autor era un converso de tercera generación. Estudió leyes en la Universidad de Salamanca y es aquí donde escribió su única obra literaria conocida. Aunque la mayor parte de la crítica acepta a Francisco de Rojas como autor de La tragicomedia de Calisto y Melibea (1507), popularmente conocida como La Celestina (cuya edición príncipe data de 1499), y aunque el problema de su autoría ya no acoge los apasionados debates de antaño, varias son las teorías que se ocupan de la autoría de La Celestina. Los hay que atribuyen la paternidad de la obra a un único autor, a dos e, incluso, a tres. Hoy en día está fuera de toda duda la doble autoría de la obra pues se han realizado pormenorizados estudios acerca de la lengua, las fuentes y la sintaxis. Así, se acepta que Fernando de Rojas no es el autor del primer acto pero sí de los 15 actos siguientes y de los cinco más que, posteriormente, se añadirían. De hecho, el propio Rojas señala en la edición sevillana de 1501 que halló unos papeles que contenían el primer acto y, tras leerlos, emprendió la tarea de continuar la historia.

2. Contexto literario de la obra.
La obra aparece pocos años antes de que las ideas renacentistas se impusieran en toda Europa, tal es así que la obra posee rasgos medievales pero también, y es importante decirlo, numerosas características propias de la concepción que del hombre y del mundo se tendrá en el Renacimiento. La etapa dorada de las letras españolas está muy próxima y ello vendrá motivado tanto por la protección que la realeza otorga a la cultura como por el éxito de la imprenta (cuyos principios básicos eran conocidos por los chinos varias centurias antes de que Gutenberg publicara su Biblia de cuarenta y dos líneas en 1455). Además, en la época en la que Rojas escribía La Celestina, los Reyes Católicos observaban cómo un nuevo estamento (la burguesía) se abría paso en la sociedad de la época. De entre las características medievales de La Celestina destaca el afán moralizador pues los personajes que incurrieron en pecado encuentran la muerte a modo de castigo divino aunque, por otro lado, la muerte en la obra no posee la trascendencia que veíamos en las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Como elementos renacentistas, caben señalar el disfrute de la vida o el paganismo.

3. Comentario de la obra.
El principal problema que se encuentra el lector al enfrentarse con la obra es el de encuadrarla dentro de un género determinado. La Celestina presenta una estructura típicamente teatral y un primer acercamiento al texto nos revelará que se trata de una obra destinada a ser representada. Sin embargo, estos rasgos dramáticos contrastan violentamente con la dilatada extensión de la Tragicomedia haciendo completamente imposible su representación. La explicación la encuentra Rosa María Lida al apuntar que es la ‘comedia clásica latina’ el género con el que más afinidades guarda La Celestina. A lo largo del tiempo varias han sido las denominaciones que se han propuesto para resolver este problema de género, entre ellas la de ‘novela dialogada’ (siglo XIX). Me gustaría reseñar aquí la opinión del prestigioso crítico Alan D. Deyermond quien asegura que La Celestina es la primera novela europea, y quizá no le falte razón.

Como asegura José García López, ‘Rojas ve la vida humana como una trágica lucha en la que el hombre es arrastrado por terribles fuerzas cuyo control se le escapa’. Los personajes poseen una concepción completamente pagana del mundo, mundo en el que el pecado no tiene cabida y el sentimiento de culpabilidad es sustituido por el victimismo ante las fuerzas del destino. Así, desde la concepción medievalista del autor, la muerte sobreviene a los personajes que han cometido graves actos pecaminosos, no tienen la posibilidad de salvarse y fenecen irremediablemente en el intento de conseguir sus anhelos. Hemos de decir que se considera a la Fortuna no como algo hostil (modelo clásico) sino como azar y casualidad. Los personajes de la obra presentan la singular característica de ser dinámicos, pues dan rienda suelta a sus hondas pasiones dando la sensación de que son personajes muy reales. No se ven atados a su condición social y transgreden, de este modo, la ordenación estamental medieval. Los personajes evolucionan según va transcurriendo la obra. Así, Fernando de Rojas consigue distanciarse (una vez más) del modelo medieval en el que destacaban los personajes-tipo.

Celestina se ha convertido en un mito que ha trascendido el ámbito literario y se ha enquistado en la cultura universal. Posee una magnífica diversidad de oficios y domina a la perfección el lenguaje, característica ésta que le permite controlar a los personajes que caen en su radio de acción. Calisto, el menos interesante y el más literario de todos personajes, ostenta el papel del antihéroe y podríamos decir que es una parodia del amante cortesano pues únicamente ambiciona -en su egoísmo- la posesión sexual de la dama. Sin embargo, Melibea (su amada) acepta las normas que la sociedad le ha impuesto y sufre gravemente la ruptura que supone acceder a las pretensiones de Calisto. La familia de Melibea pertenece a ese nuevo estamento social que surge en la época y que compra su honor, no a través del linaje y las posesiones, sino desde el poder que le otorga el dinero. Así, los criados que aparecen en la obra ya no se sienten, en su servidumbre, miembros de la familia -como hasta entonces había sucedido-, por el contrario, la relación que les vincula al amo es exclusivamente económica.

La Celestina inicia un nuevo estilo de contar historias, estilo que nos llevará a la Literatura Picaresca. La obra, que cumplió su quinto centenario hace pocos años, sigue siendo punto de referencia y es leída en todo el mundo por miles de lectores que gustan de la buena literatura, pues es una de esas obras que aporta nuevas cosas al lector con cada relectura. Todos habremos de leerla si no lo hemos hecho; las excusas no tienen cabida.

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