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Hijos de la ira, de Dámaso Alonso

1. Breve biografía del autor.
Dámaso Alonso nació en Madrid en 1898. Recién cumplidos los dos años, fallece su padre. Decide estudiar ingeniería de caminos pero una fuerte gripe le produce una grave enfermedad en la vista y debe optar por unos estudios menos exigentes. Comienza, así, la carrera de derecho y es en este momento cuando comienza a leer literatura de una forma más que apasionada, lo que hace que decida cambiar de carrera e ingrese en la Facultad de Filosofía y Letras. Se doctoró con un magnífico estudio sobre Góngora que permite que esa poesía que hasta ese momento había sido denostada por su oscuridad y hermetismo se torne clara y diáfana. Su primera obra poética es Poemas puros. Poemillas de la ciudad (1921). Ejerce la docencia dentro y fuera de nuestro país adquiriendo notable prestigio internacional que se le reconoce con multitud de premios y títulos. Publica su obra más famosa: Hijos de la ira (1944) que atrae inmediatamente la atención tanto del público como de la crítica. En 1945 ingresa en la Real Academia Española de la Lengua y al fallecer Ramón Menéndez Pidal en 1968 es elegido como director de la institución en la que realizará una labor de increíble valía. Recibe el Premio Cervantes en 1978. Dámaso Alonso falleció en 1990. Otras obras del autor son: Oscura poética (1944), Poesía española. Ensayo de métodos y límites estilísticos (1950), Hombre y Dios (1955) o Gozos de la vista (1981).

2. Contexto literario de la obra.
Durante las décadas anteriores se cultivaron tres tendencias poéticas fundamentalmente: la poesía pura, el surrealismo y la llamada poesía garcilasista. Dámaso Alonso publica Hijos de la ira (1944) revolucionando el mundo literario en una clara superación de los cánones establecidos. La poesía de esta obra exige al poeta abandonar la torre de marfil modernista para volver sus ojos a una España que agoniza en los primeros años de posguerra. Sin embargo, no debemos confundirnos, pues como veremos más adelante, no se trata de una tendencia realista, sino que la realidad desencadena la preocupación del poeta por la esencia humana.

3. Comentario de la obra.
‘Madrid es una ciudad de más de un millón de cadá- / veres (según las últimas estadísticas)’. Con estos impactantes versos comienza un libro sorprendente. El propio autor dijo que un titular de periódico motivó semejante inicio, bastó sustituir ‘habitantes’ por ‘cadáveres’ para darle una fuerza arrolladora que deja estupefacto al lector. La realidad más cruda es la que motiva esta obra, pero como dice Miguel J. Flys ‘el poema nunca relata el suceso (lo que constituiría un tratamiento realista), ni siquiera lo comenta o interpreta, sino que lo abandona completamente, dejando apenas una ligera huella en los versos iniciales’. En efecto, el poeta, en su análisis del mundo, observa atentamente hasta que un elemento de la realidad hace que su mente inicie un nuevo camino cognitivo que le arroje luz suficiente como para comprender el mundo desencadenando este río de poesía tempestuosa.

Apunta Emilio Alarcos Llorach que ‘el mismo Dámaso era muy consciente de la actitud revolucionaria que introducía su libro’, sabía que sus poemas no eran bellos en el sentido de que por bello entendía el ‘preciosismo’, esto es, ‘elegancias exquisitas, léxico brillante, tornasoles metafóricos, etc.’. El vocabulario empleado por Dámaso Alonso para ir avanzando en ese propósito de comprender la realidad es un vocabulario -llamémosle- vulgar que hiere a quien lee pues revela la desilusión que siente el poeta ante este mundo monstruoso dominado por la podredumbre. El poeta está dominado por el asco, por la ira que le produce la vida pero, como ha apuntado la crítica, no se trata de una poesía desesperada, pues en palabras de García López, encuentra en Dios el ‘único asidero en medio del dolor y el espanto’. El poeta quiere saber, quiere comprender la realidad en su totalidad y descubrir la esencia del ser. Como eso es imposible se siente desamparado, embriagado por la amargura. Así, su angustia existencial llega a alojarse en el lector a través del tratamiento que Dámaso Alonso da a los principales temas de la obra: la injusticia, el miedo a la muerte, la soledad en el mundo, o la llamada náusea existencial. De hecho, tal y como podemos leer en Miguel. J. Flys, las horrendas guerras -heridas indelebles de la primera mitad de siglo XX- provocan en el poeta un sentimiento que el propio Dámaso Alonso define como ‘el asco y la total desilusión de ser hombre’. El único recurso para no naufragar es aferrarse al amor y en este punto emerge como figura esencial ‘la madre’ que siempre protegerá y consolará al poeta en su tempestuoso divagar.

Como dice Emilio Alarcos Llorach, estamos ante un ‘libro poético intenso y penetrante’, tan penetrante que es la mejor obra poética de la segunda mitad del siglo XX en España. Permítaseme cerrar esta reseña con una cita que viene muy al caso; José Luis Cano escribió en un emotivo artículo que ‘quienes busquen en la poesía el ritmo fácil, la risueña pirueta, la música adormecedera, la canción, en fin, plácida y satisfecha, que no cojan en sus manos estos terribles y frenéticos Hijos de la ira, terribles y bellos como huracanes devastadores en la soledad y en la angustia del hombre moderno’.

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