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Altazor, de Vicente Huidobro

1. Breve biografía del autor.
Vicente García-Huidobro Fernández nació en Santiago de Chile (Chile) en 1893. Comienza a escribir muy pronto y publica con trece años su primer poema: ‘El cristo del monte’ (1910). Un año más tarde publica su primera obra que lleva el título de Ecos del Alma (1911). Las pagodas ocultas (1914) aparece firmado con el pseudónimo que será universalmente conocido y que usará a partir de este momento: Vicente Huidobro. En 1916 viaja por vez primera a Madrid y conoce a Cansinos-Assens para, posteriormente, establecerse en París en una época difícil para Europa, pues la Gran Guerra está devastando el corazón del continente. Colabora en la prestigiosa revista ‘Nord-Sud’ de la mano de G. Apollinaire, A. Breton, Tristan Tzara y P. Reverdy. Mientras, aparece editado en Argentina su famosísimo Espejo de agua (1916). Vicente Huidobro colabora también con la revista ‘Dada’ aunque no sólo escribe en revistas francesas, poemas suyos aparecen en las míticas revistas ultraístas españolas ‘Grecia’, ‘Ultra’ o ‘Cervantes’. A comienzos de la tercera década del siglo XX publica dos de sus obras más celebradas tanto por la crítica como por el público: Altazor (1931) y Temblor de cielo (1931). En 1945 vemos a Huidobro entrando en Berlín con las tropas aliadas como corresponsal de guerra. Vicente Huidobro muere en 1948 en su casa de Cartagena. Otras obras del autor son: Pasando y pasando (1914), Horizon carré (1917), Vientos contrarios (1926), Mio Cid Campeador (1929) o En la luna (1924).

2. Contexto literario de la obra.
Vicente Huidobro fue el primer introductor de la vanguardia en Hispanoamérica, aunque ya antes Julio Herrera había creado un mundo de imágenes y metáforas llenas de complejidad en las que dominaba un antropomorfismo que era ya una anticipación del Surrealismo. Vicente Huidobro crea un estilo nuevo llamado Creacionismo en el que se considera al poeta como un pequeño Dios. En Espejo de agua (1916) aparece el poema ‘Arte poética’ que contiene los famosos versos que sintetizan el espíritu creacionista: ‘Por qué cantáis a la rosa, oh Poetas, / hacedla florecer en el poema’. El Creacionismo, movimiento ciertamente productivo, ha sido cultivado por poetas de la talla de J. Larrea, G. Diego, P. Reverdy o G. Apollinaire.

3. Comentario de la obra.
Las primeras noticias que tenemos de Altazor datan de 1919, pero la obra no se publicaría hasta 1931. En esta primera edición, Vicente Huidobro nos advierte en una nota de que Altazor ha sido publicado fragmentariamente en diversas revistas y periódicos. Esta puntualización del autor es importante puesto que la obra fue escrita en distintas épocas y en momentos anímicos muy diferentes y, tal vez sea la razón de que encontramos algunas contradicciones. Además, cuando el lector termina la lectura de Altazor, tiene la impresión de que la obra sido rematada precipitadamente dejando la puerta abierta a una posterior ampliación (ampliación que Huidobro nunca llevó a cabo) quizá con el propósito de dar una solución a la fracasada resolución final de los diversos comienzos que encontramos en la obra. A pesar de que Huidobro renegó del Surrealismo (pues no puede dejar al libre arbitrio de la escritura automática la capacidad del poeta creacionista para dominar la naturaleza y el mundo) se le escapan imágenes que muestran la capacidad de creación del poeta a través del subconsciente.

En palabras de Jean Franco, este poema en siete cantos ‘describe la caída del hombre moderno del orden al desorden’. El poeta considera que la poesía es una cosa portentosa que brinda posibilidades extraordinarias, intenta así crear fuera del mundo lo que en él considera que debe existir. La poesía es un desafío a la razón, sin embargo no hemos de considerar tal aserción como una pretensión de apartar la razón del proceso poético, sino que se quiere sublimarla.

En el prefacio se observa ya una muestra de arrogancia desde el nombre del protagonista (el alto azor) y su actitud desafiante. Altazor oscila entre esos momentos arrogantes y otros en los que se aferra a la naturaleza; esta oposición acabará en el caos. El personaje se desplaza en paracaídas por un espacio creado por el poeta y, a pesar de su arrogancia, su caída es inevitable. Huidobro se desdobla en Altazor y éste, a su vez, se desdobla en varias personalidades. La crítica ha visto en este texto una literatura de ruptura, de blasfemia y desprecio por lo divino y aparece la influencia de Así habló Zaratustra de Nietzsche. También se aprecia en el poema la concepción del hombre como ente superior que se relaciona nuevamente con la idea de poeta como dios creador.

En el Canto III, Vicente Huidobro se permite hacer uso de la rima para despreciarla. Así, tenemos la idea del hombre prisionero de la cultura y de la lengua. Altazor pretende romper esas cadenas. Quizá uno de los momentos más conocidos del poema sea el Canto V, en el que podemos encontrar la secuencia de los molinos de viento, que conforman una imagen realmente sorprendente en la que el emisor se esfuma y parece que el lenguaje se apodera del poema haciendo de él una fiesta; algo que se repetirá en los cantos siguientes. Finalmente, en el Canto VII desaparece cualquier pretensión representativa del lenguaje, asistimos a la arbitrariedad absoluta del signo en una desarticulación catártica del lenguaje.

En definitiva, Altazor es una obra cumbre que dota a las vanguardias hispanoamericanas de entidad propia y por ello, merece la pena ser leída.

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