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Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca

1. Breve biografía del autor.
Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros (Granada) en 1898. Cursó Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Granada y a finales de la segunda década del siglo XX viaja a Madrid alojándose en la Residencia de Estudiantes. Allí conocerá a los integrantes de la Grupo poético del 27 y se enamorará de Emilio Prados aunque esta relación acabó mal y se conserva una emotiva carta que Prados escribe a Lorca lamentándose del rechazo que siente por parte de Federico. Luis Cernuda será otra de las personalidades que enamoren al joven Lorca; el flechazo se produce en un viaje que ambos hacen a Sevilla. Pero quizá sea la figura de Dalí la que más haya subyugado al autor de Poeta en Nueva York (1930). Su primera obra es Libro de poemas (1921), páginas desordenadas que contienen el reflejo de su corazón, rebosante de ardor juvenil, como nos dirá el propio Lorca. Conecta muy bien con Dalí y Buñuel pues los tres se consideran los abanderados del Surrealismo en España, sin embargo, al publicar Federico Romancero Gitano (1928), las diferencias entre ellos comienzan a ser patentes pues el romancero queda muy lejos de los preceptos surrealistas. En 1932 funda el famoso grupo teatral ‘La Barraca’ con el que quiere llevar la cultura a los pueblos de España. Los últimos años de su vida los pasó en la Huerta de San Vicente, en Granada. La situación política del país se complica enormemente en ese año de 1936 y Lorca se esconde, pero será delatado y apresado. Federico García Lorca falleció fusilado en 1936 a manos de las tropas nacionales. Otras obras del autor son: Poema del cante jondo (1921), Canciones (1927), Así que pasen cinco años (1931), Yerma (1934) o La casa de Bernarda Alba (1936).

2. Contexto literario de la obra.
Junto con Ramón María de Valle-Inclán, Lorca es el mejor dramaturgo de la primera mitad del siglo XX y su corta vida daría para varios tomos de minucioso y apasionante estudio. Federico García Lorca pertenece al denominado Grupo poético del 27, integrado por escritores como Rafael Alberti, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, Manuel Altolaguirre o Luis Cernuda. Tal concentración de escritores no se había dado en nuestra Literatura desde el siglo XVII. El agotamiento de la poesía ultraísta posibilitó el éxito de la poesía del 27. Se hace en estos momentos una poesía que hereda, del movimiento inmediatamente anterior, el concepto de metáfora como proceso mágico; se buscan así nuevas perspectivas para percibir y representar el mundo. No existe una temática común en los poetas del Grupo del 27, sin embargo, sí podemos hablar de gustos comunes, como, por ejemplo, su predilección por Góngora, o la devoción que sienten por los autores clásicos. En la producción poética de Lorca pueden diferenciarse dos etapas, una de clara inspiración popular y otra, de tintes surrealistas. Poeta en Nueva York (1930) pertenece a esta segunda etapa.

3. Comentario de la obra.
La visita de Lorca a Nueva York se produce en el momento en que la bolsa neoyorkina sufre un desplome sin precedentes en la historia (el crack del 29). En palabras de Lázaro Carreter, el contacto de Lorca con ‘Nueva York -expresión máxima de cierto tipo de civilización- es una sacudida violenta. En aquel mundo tentacular […] el poeta se ahoga y rebela’. Lorca concibe este mundo deshumanizado como un lugar privativo de libertad, pues el hombre está sometido al poder que ejerce el dinero y ha de sobrevivir en un mundo dominado por la máquina. La naturaleza se encuentra agonizante, atenazada con las cadenas que le impone la apocalíptica civilización. Así, el poeta manifiesta su desprecio por el modo de vida norteamericano a través del Surrealismo.

El poeta maneja un estilo muy rico, lleno de detalles que no habremos de pasar por alto. Piero Menarini y Ángel del Río hacen notar que la confusión y sustitución de símbolos lingüísticos está llevada al extremo. La sensación que tiene el lector de la obra es la de una constante alucinación que ‘transmite la idea de que el mundo está en incesante tumulto regido por una incesante metamorfosis’. Esto hará que la obra necesite de una lectura detenida y sobre todo, documentada, pues para leer Poeta en Nueva York se hace indispensable una buena edición crítica que nos guíe.

Críticos como Benjamín Prado han llegado a decir (en una prestigiosa revista cultural) que es un libro sobre cualquier cosa que a uno se le ocurra, y depende de cómo y de cuando se lea, es un libro capaz de decir cualquier cosa. En verdad esto es una fanfarronería y un no querer hacer el esfuerzo por entenderla. De acuerdo que posee composiciones aún hoy muy oscuras, pero algo semejante sucedía con don Luis de Góngora hasta que llegó Dámaso Alonso, ¿quién se atreve ahora a manifestar que el Polifemo dice cualquier cosa que a uno se le ocurra?

Poeta en Nueva York es un obra turbulenta que refleja lo absurdo de la realidad estadounidense en particular y del mundo desarrollado en general. El Surrealismo gobierna la obra, pero este Surrealismo no es producto de la escritura automática, sino que viene de una profunda reflexión literaria. Para todo aquel que lea la obra que hemos comentado, Nueva York jamás volverá a ser la misma, se nos antojará mucho más gris, más triste.

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