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Poemas y antipoemas, de Nicanor Parra

1. Breve biografía del autor.
Nicanor Parra nació en San Fabián de Alico (Chile) en 1914. Durante sus primeros años de vida la familia cambió en numerosas ocasiones de residencia debido a las dificultades económicas. Parra viaja a Santiago en 1932 para terminar sus estudios antes de ingresar en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Sus primeros escritos los encontramos en una revista llamada ‘Revista nueva’ en 1935. Su primera obra posee conexiones con la producción poética de Federico García Lorca y tiene por título Cancionero sin nombre (1937), diecisiete años después, publica un libro que pronto se convertirá en una obra de referencia Poemas y antipoemas (1954), un librito sorprendente que le dará enorme fama en todo el mundo. A partir de aquí sus publicaciones ahondarán en la ‘antipoesía’. Tras algunos premios menores, le llega el reconocimiento oficial al recibir el Premio Nacional de Literatura en 1970 y, sobre todo, el Premio Cervantes en 2011. Otras obras del autor son: Versos de salón (1962), Obra gruesa (1969), Artefactos (1972), Chistes para desorientar a la policía (1983) y Hojas de Parra (1985).

2. Contexto literario de la obra.
Nicanor Parra pretende erradicar todo lirismo en el lenguaje poético y, por ello, arremete contra el lirismo tradicional pero, también, sorprendentemente, contra los nuevos poetas. Ya antes, Vicente Huidobro se había opuesto a la tradición con el Creacionismo y su lema ‘Poetas, no cantéis a la rosa, hacedla florecer en el poema’. Pero será Nicanor Parra quien dé un paso más y adopte una postura que le permita reírse de todo y de todos. Así, su línea estética exige que el poeta viva el presente y se oponga a la nostalgia y, como nos dice Jean Franco, Parra denuncia el lenguaje moral impuesto por la tradición. Esta postura será adoptada por otros escritores hispanoamericanos como Enrique Lihn o César Fernández Moreno.

3. Comentario de la obra.
Propone una poesía vinculada al coloquialismo, rechazando el poeta demiurgo de su propio universo. También se opone al énfasis y la música propias de Pablo Neruda y a la poética de Gabriela Mistral. Observamos una tendencia a integrar en los poemas una ironía de tono chaplinesco, es decir, con unas gotas de amarga melancolía; así, abundan las distorsiones, los juegos con elementos que parecían hasta ahora intocables. Para comprender esta literatura es importante que conozcamos la literatura anterior y que el lector haya roto con los dogmatismos. Hasta ahora, la poesía daba interpretaciones del mundo a través de propuestas concretas, pero en estos momentos, aparece una nueva clase de poemas en los que no se cuestiona el mundo, pues no lo quiere interpretar, no hay nada que hacer ni proponer, la labor del poeta se presenta como ridícula.

En este afán por dar muerte a la poesía como tal -según apunta René de Costa- las composiciones de Parra se presentan como ‘monólogos, soliloquios de un individuo que en lugar de cantar, cuenta unas experiencias anecdotales nada singulares, incluso banales’. En efecto, el poeta desea ironizar la realidad, pues está cansado de la ‘poesía poética de poético poeta’. Esta actitud irreverente y soliviantada encandilará a muchos de sus contemporáneos e incluso, Pablo Neruda -uno de los más criticados por Nicanor Parra- terminará adoptando esta línea estética en la obra Estravagario.

La producción literaria de Nicanor Parra generará pasiones encontradas tanto en el público como en la crítica, aunque lo que parece indudable es que esta ‘antipoesía’ es que se ha convertido en una verdadera revolución literaria que hemos de tener en cuenta. El autor se desdobla y se vuelve contra sí mismo, quiere usar la poesía para arremeter contra la poesía misma. Podríamos decir que la ‘antipoesía’ es un vanguardismo en el que la anécdota, como tal, tiene relevancia, pero no para iluminar el camino de poeta (o el nuestro) sino para recomponer el puzzle que forma el universo del autor. Nicanor Parra asegura que la vida hay que vivirla tal y como viene, sin poetizarla ni encumbrarla. La síntesis de toda esta corriente ‘antipoética’ la podemos encontrar en ‘La advertencia al lector’ que abre la tercera parte del poemario en la que podemos leer: ‘El autor no responde de las molestias que puedan ocasionar sus escritos: / Aunque le pese / El lector tendrá que darse siempre por satisfecho’. Además, el poeta hace uso de refranes, frases hechas, y coloquialismos que transforma en imágenes (o tal vez debiese decir ‘anti-imágenes’) que son verdaderamente plásticas.

Nicanor Parra es un poeta irreverente que hace una valiente -y nada desdeñable- apuesta: crear un nuevo lenguaje poético (o ‘antipoético’) desde una aguda perspectiva analítica. Recordemos, llegados a este punto, lo que escribió en uno de los luminosos de Times Square en Manhattan (Nueva York): ‘USA: donde la libertad es una estatua’ (a lo que me atrevería a decir -siempre a título personal- ‘varada en la bahía del Hudson’). Señalaremos de nuevo que la lectura de las obras de este autor requiere que hayamos leído con detenimiento a los clásicos, una vez hecho esto, los ‘antipoemas’ se nos antojan deliciosos.

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