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Martín Fierro, de José Hernández

1. Breve biografía del autor.
José Hernández nació en Perdriel (San Martín) en 1834. Poco después de finalizar los estudios primarios, una enfermedad pulmonar impidió su acceso al bachillerato obligándole a tener que residir en el campo. Cuando Hernández frisa los veinte años y, tras caer el dictador Rosas, participó en las campañas contra los insurrectos. Tiempo después desempeñará el cargo de secretario del general Pedernera, presidente interino del gobierno. Además, publicará Vida en el Chancho (1868), una biografía de un general riojano contrario a Sarmiento. Más tarde, ostentará el cargo de fiscal del estado y fundará el diario ‘Río de la Plata’, posteriormente censurado por Sarmiento. Participó en el levantamiento de López Jordán y fue desterrado. Martín Fierro se publicó en dos partes, la primera, titulada Ida, data de 1872, y la segunda, con el nombre de Vuelta, de 1879. Gracias a una amnistía pudo volver a la Argentina. José Hernández falleció en 1886. Otra obra del autor es Instrucción del estanciero (1881).

2. Contexto literario de la obra.
La obra que nos ocupa ahora se encuadra dentro de lo que se ha venido a denominar poesía gauchesca, género que surgió en la segunda mitad del siglo XVIII de la mano de Bartolomé Hidalgo, aunque ya antes escritores como Esteban Echeverría o Juan María Gutiérrez habían dedicado obras o pasajes al tema del gaucho. Algunas de las características propias de la poesía gauchesca que ha señalado la crítica son: la violencia verbal del habla campesina, el desprecio a la muerte, la temática rural y la mayor valía de la amistad en detrimento del amor. El autor más prolífico del género es Hilario Ascasubi.

3. Comentario de la obra.
El carácter del Martín Fierro hace que, en el pasado, muchos críticos -víctimas de la peligrosa y engañadora fiebre romántica- afirmasen que el poema fue construido de modo improvisado por Hernández. Nada más lejos de la realidad. El autor, persona ciertamente culta, conocía y había leído toda la tradición gauchesca anterior antes de componer su Martín Fierro, obra que, además, posee una cuidada y meditada estructura. Tales afirmaciones están motivadas, sin duda alguna, por el tono popular del poema; sin embargo, esto es un efecto buscado por el autor pues, realmente, sí hay conciencia de texto literario.

El poema -una composición fundamentalmente narrativa- se divide en dos partes: la Ida (con 13 cantos) y la Vuelta (con 33 cantos) en donde predomina, sobre cualquier otra cosa, el protagonista. Martín Fierro es un personaje-tema que llena toda la obra; es el gaucho por excelencia, un personaje que universaliza el poema representando a todo un grupo social y que, al mismo tiempo, posee cualidades que logran individualizarlo. Martín Fierro es un cantor que comienza dirigiéndose a su auditorio. A través de la canción (es decir, del poema) canta su desdicha a modo de una catarsis liberadora. Sáinz de Medrano se hace eco de la polémica que desataron las afirmaciones de algunos críticos que pretendían convertir a Martín Fierro en un personaje épico, para así, ‘escamotearlo de su tiempo y de su significación social’. Sin embargo, aun tratándose de un personaje bravo, no encontramos en el protagonista nada que nos lleve a pensar que se trate de un personaje mítico, pues ‘no es un ser sublimado y ejemplar, sino simplemente un hombre’ juicioso que valora la amistad y los lazos familiares. Jorge Luis Borges criticó el tratamiento dado en algunos momentos por José Hernández a su personaje, pues no le resulta creíble. Sin embargo, el autor creó un protagonista para su largo poema muy rico literariamente hablando. Por otro lado, Cruz es el personaje que escucha el poema, así el soliloquio de Martín Fierro se convierte en un diálogo. Es un elemento importante ya que dota al poema de autenticidad, puesto que el cantar gauchesco necesita de interlocutores que participen del poema. Por otra parte, llama la atención que ninguna de las mujeres que pueblan el texto consiga la suficiente relevancia narrativa como para que nos permita individualizar a una de ellas. Esto se debe a que el autor desea dejar patente el carácter machista de la sociedad gauchesca.

Varios son los propósitos que el propio José Hernández manifestó buscar con la obra, entre ellos, narrar la vida del gaucho reseñando su lenguaje y su concepción del mundo para denunciar las injusticias que sufre con el objetivo de llegar al mayor número de personas posible. Tal y como afirma Luis Sáinz de Medrano, ‘el gaucho es un tipo humano producto originariamente del mestizaje [muy intenso en el Plata tras la reconquista], pero que, a la larga, es más que nada el resultado de un ambiente, de un medio físico y de una forma de vida’ determinada.

En esa rememoración que es el cantar, domina lo que la crítica ha venido a denominar el uso del ‘imperfecto melancólico’, un tiempo verbal que incide activamente en el ánimo del lector. Además, la obra, escrita con un lenguaje y una técnica poética ciertamente sencillas, logra enamorar a todo aquél que la lee. En palabras de Rodolfo A. Borello, en el poema ‘los dos extremos en que se sitúa la obra, el lirismo subjetivo y la narración de hechos dramáticos a través de episodios de gran acción, son alcanzados con extraña y sostenida eficacia’.

En la obra, el espacio en el que transcurre la acción narrativa no está concretado, José Hernández prefiere, de este modo, dejar que el lector imagine. La fuerza del poema es tal que cada vez que -de algún modo- la Pampa se cruce en nuestra vida, rememoraremos la figura de Martín Fierro, el gaucho.

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