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Los de abajo, de Mariano Azuela

1. Breve biografía del autor.
Mariano Azuela nació en Lagos de Moreno (México) en 1873. Hijo de un modesto comerciante, estudia medicina y, tras doctorarse, se casa con Carmen Rivera. A finales de 1914 ingresa en el Estado Mayor de Julián Medina, un general villista. Fue jefe del servicio médico del ejército revolucionario y, posteriormente, es nombrado director de la Instrucción Pública del Estado, pero tendrá que dejar el cargo. Se exilia en El Paso (Texas) con lo que es el borrador de su novela más famosa en la maleta. Apesadumbrado, vuelve a México por el fracaso de la Revolución y se instala en la capital del país. Se cuenta que no quiso pertenecer a la Academia de la Lengua Mexicana porque aseguraba no saber escribir con orden y corrección. Los de abajo (1916) pasó inadvertida en un primer momento pero posteriormente la crítica internacional ha alabado sus logros. Tal es así que se ha considerado a Mariano Azuela como el ‘novelista de la Revolución’ de hecho, fue quien inauguró el género. Azuela falleció en 1952. Otras obras del autor son: María Luisa (1907), La malhora (1923), El desquite (1925), La luciérnaga (1932), Pedro Moreno el insurgente (1935) o Sendas perdidas (1949).

2. Contexto literario de la obra.
La novela de la Revolución nació con Mariano Azuela. La pervivencia de este género narrativo ha estado a cargo de los más grandes escritores hispanoamericanos que, durante todo el siglo XX, han ido publicando obras con la Revolución mexicana como eje vertebrador; entre ellos encontramos a Carlos Fuentes, Juan Rulfo, José Rubén Romero o Martín Luis de Guzmán. En total, seis generaciones de escritores cultivarán este tipo de novela. En ellas, el pueblo se convierte en protagonista. La novela de la Revolución ha sido tan prolífica que ha trascendido el llamado ‘Boom’ de la Literatura Hispanoamericana y aún en nuestros días encontramos algunas novedades editoriales que tratan sobre este tema. Mariano Azuela estuvo a punto de quemar Los de abajo antes de que la novela viera la luz y, sin duda, hubiese sido una desgracia para el mundo de las letras.

3. Comentario de la obra.
Como reseña Marta Portal, Azuela decía que Los de abajo fue ’un libro que se hizo solo; únicamente su imaginación lo ayudó a ordenar los hechos, a recrear los personajes principales’. El autor nos presenta la obra en una serie de cuadros que, a modo de estampas fotográficas, muestran las vicisitudes de las gentes que protagonizaron la Revolución.

Es importante comentar que casi todos los pasajes que componen esta magnífica narración épica, no fueron vividos por el autor sino que nos encontramos ante anécdotas que le refirieron sus correligionarios. Azuela se aleja de los grandes acontecimientos para centrarse en el compromiso que el pueblo tiene para con la Revolución y muestra cómo fue la participación de éste en el conflicto. De este modo, el narrador presenta las escenas, sin embargo, son los propios personajes los que narran la desilusión que los acontecimientos van produciendo en el ánimo popular. Como señala Menton, esta narrativa ha abandonado ya el asombro por la magnífica naturaleza americana para centrarse ahora en las relaciones entre los hombres y las consecuencias que de ellas se derivan.

Demetrio Macías es un hombre que lo deja todo por sumarse a la Revolución. Este caudillo revolucionario mostrará enorme valor y confianza plena en los ideales por los que lucha. Su gente, sus hombres lo apoyan y estiman, pero Azuela conformó a un Demetrio Macías más humano, alejado del arquetípico héroe de las narraciones épicas. La crueldad que en ocasiones demuestran tanto él como sus hombres hace que contemplemos a una persona, que como cualquiera, se equivoca. La obra adquiere profundidad y verosimilitud cuando entra en escena Luis Cervantes, un desertor que persigue obtener el máximo partido de cada situación, tal es así, que no dudará en abandonar al grupo revolucionario cuando las circunstancias le son propicias.

La obra está planteada desde el determinismo para que el lector participe de la derrota. Así, cuando Alberto Solís -quizá el personaje más idealista de la novela y más ferviente seguidor de la Revolución- muere en la batalla de Zacatecas, sentimos el desánimo, el abatimiento que produce la causa perdida, el vacío que deja la ilusión cuando su llama se extingue.

El ritmo de la obra es muy rápido y el lenguaje -que supone un verdadero ejercicio lingüístico- intenta reflejar el registro léxico-fonemático de los grupos sociales que encontramos en Los de abajo. Azuela ha optado por emplear un lenguaje directo y conciso con el objetivo de que el desencanto que supuso finalmente la Revolución anide en el lector tomando conciencia de lo que Octavio Paz denominó ‘una explosión de la realidad’. Debemos hacernos eco -llegados a este punto- de las opiniones vertidas por Bellini a propósito de la novela puesto que la obra transciende la realidad, ‘se abre paso en sus páginas una amarga protesta contra la propia revolución que acaba por ser desilusión profunda del pueblo, el cual se ha dejado llevar a ella como impulsado por un fatalismo trágico’. Nadie podría haberlo dicho mejor.

Las oportunidades que la Revolución mexicana llevaba fueron desaprovechadas y Azuela intenta reflejarlo en su obra. Como señala Sáinz de Medrano, ‘la novela de la revolución ha venido a convertirse en receptáculo […] de las inquietudes esenciales del hombre mexicano’. No le falta razón pues aún hoy, en México, se pueden encontrar zonas del país que siguen luchando por la Revolución, como se puede ver en esta fotografía que tomé en 2010, en el estado de Chiapas, durante mi segundo viaje a México.

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