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Usted no es dueño de lo que ve

No entiendo que las administraciones públicas tengan, protegidos por los anticuados y rígidos derechos de autor: páginas web, fotografías institucionales e importantes documentos, a pesar de haber sido pagados con el dinero de todos los contribuyentes. Se supone que las administraciones están al servicio del ciudadano y deberían dar el máximo servicio incluyendo, claro está, la libre utilización de los textos y las imágenes que distribuyen. Es incomprensible para mí que, por ejemplo, la web de un ayuntamiento esté protegida por los derechos de autor. No le veo ningún sentido.

Tampoco es de recibo que la Real Academia impida enlazar directamente al contenido de cualquiera de sus sitios web. ¿Es así como se pretende afianzar el crecimiento del español en el mundo y convertirnos en una lengua de ciencia en lugar de ser una lengua utilizada, sobre todo, para comentar actividades cotidianas? Esto es algo que también pasa en el mundo del periodismo: los periódicos han querido, durante mucho tiempo, que Google les pague por poner enlaces directos a los artículos. Como digo, de locos.

La manía por colocar a todo lo que se publica el infame simbolito de la ‘c’ enjaulada en un círculo llega a la locura enfermiza cuando se prohíbe, por ejemplo, sacar fotografías en numerosos lugares debido a las razones más peregrinas (dudo que los flashes de las cámaras fotográficas dañen los candelabros de las iglesias o los muebles de las casas museo, por poner sólo dos ejemplos) y no creo que vaya desencaminado del todo cuando digo que el verdadero motivo está en la venta de libros con buenas fotografías (hechas con flash, faltaría más) y de las licencias de reproducción de las mismas.

El delirio en el uso del copyright llega cuando se prohíbe a los ciudadanos tomar fotografías en la vía pública por la incomprensible razón de que la fachada de tal o cual edificio está protegida por los derechos de autor. Pero, digo yo, ¿qué tiene que ver ese edificio con mi foto? Esto, con todos mis respetos, es censurar al ojo que ve. Las fotografías son una interpretación de la realidad, una visión personal, no son una copia (aunque, en este blog, ya he dicho en otras ocasiones que copiar es, simplemente, duplicar algo, no tiene connotaciones negativas, tampoco positivas). Copiar es el primer paso para avanzar, para innovar, revolucionar las ideas, el arte o la sociedad.

En otros lugares turísticos, son un poco más coherentes y sí nos dejan hacer fotografías pero no podemos venderlas si no nos dan permiso. ¿Nos hemos vuelto locos? Muchos de esos lugares han sido construidos, restaurados, acondicionados con dinero procedente de nuestros impuestos y me reitero, una fotografía es una obra independiente, otra visión de la realidad diferente de la del arquitecto que hizo un edificio determinado. La lógica dice que un fotógrafo podría hacer lo que quisiera con esa fotografía sin tener que pedir permiso a nadie puesto que es obra suya, no está haciendo ninguna réplica de dicho edificio en un solar, lo que tampoco sería negativo, ni punible, a mi modo de ver, otra cosa muy diferente es la cruda realidad.

Un autor es libre de poner la licencia que crea más apropiada a su obra, ya sea la protección total por las leyes de protección de la autoría intelectual o una licencia Creative Commons, lo que no es lógico es proteger con copyright obras pagadas por los ciudadanos o que persigan el bien social, no es lógico pretender tener autoridad legal sobre el ojo que ve.

Ahora, si no están de acuerdo, tienen permiso para despellejarme en los comentarios.

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