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Manipulación lingüística: La piratería

En los años 80 se popularizó el término ‘pirata’ para referirse a toda aquella persona que copiaba un disco, un programa, un videojuego, etc. La compartición entre usuarios amenazaba el control que la industria de los contenidos ejercía sobre el mercado y ésta no estaba dispuesta a permitirlo. Para conseguir sus objetivos, puso todos los medios a su alcance. Entre otras acciones reprobables, se permitió el lujo de calificar a los ciudadanos de ‘ladrones’ con un término muy gráfico y representativo: ‘piratas’. Muchos usuarios aceptaron, sin pensar demasiado, el calificativo. Nació así un nuevo concepto completamente artificial e inventado: el de ‘piratería de contenidos digitales’.

Un pirata es una persona cruel y despiadada que roba y mata en el mar. Los ciudadanos que comparten conocimiento no son ni ladrones, ni crueles, ni despiadados, tampoco. De todos es sabido que el número estimado de copias hechas -de un disco, por ejemplo- no es equivalente al mismo número en ventas.

Copiar es copiar, no es robar. Copiar es, simplemente, duplicar algo, no tiene ninguna otra connotación, ni negativa, ni positiva. Llamar piratería a copiar algo es una vileza y una maldad. El que copia no es un pirata y la piratería, en tierra firme, no existe.

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