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En Corfú, recordando a Gerald Durrell

Con apenas catorce años leí Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell e, inmediatamente, me enamoré de una isla que jamás había visitado y de la que nunca, hasta entonces, había oído hablar. Recuerdo que, nada más terminar la última página de aquel libro, me dirigí apresuradamente a la librería para comprar los otros dos volúmenes que componían Trilogía de Corfú (Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses) con el fin de conocer las correrías del pequeño Gerry en esta paradisiaca isla del mar Jónico que, entonces, me parecía muy lejana pero, al mismo tiempo, enormemente familiar dado su marcado carácter mediterráneo. A lo largo de mi vida, habré leído estos tres libros de Durrell una docena de veces y, con cada lectura, mi deseo por visitar Corfú fue creciendo más y más hasta que por fin, este año, se presentó la oportunidad de conocer la isla.

Mientras paseaba por las más que bulliciosas calles de Kerkyra, los personajes de la novela (Spyro, Teodoro, los hermanos del autor, su sufrida madre así como los instructores que tuvo el protagonista durante los cinco años que pasó en Corfú) venían a mi memoria trayendo muchos de los pasajes que tantas veces leí.

A cada paso que daba, imaginaba al pequeño Gerry recogiendo muestras de vida microscópica en una charca, corriendo por los olivares en compañía de sus perros o navegando en su gracioso barco de quilla plana. Sentí la misma emoción que cuando hice la Ruta del Quijote por primera vez.

Corfú es un lugar que merece visitarse pues, según la mitología, es la última isla que visitó Ulises en su viaje de regreso a Ítaca y en la que se encuentra, según la leyenda, su barco petrificado por Poseidón (en la foto, la isla de la derecha, también llamada Isla del Ratón):

Sin duda, ha sido uno de los viajes más especiales que he hecho en mi vida. Fue toda una experiencia andar por las calles de Kerkyra escuchando y viendo la algarabía con la que sus habitantes adornan sus calles, adentrarme en el fantástico entorno natural de Corfú, visitar a San Spyridón, el santo local al que tanta devoción se le tiene en la isla y que protagoniza alguno de los pasajes más curiosos de la trilogía y hacer la obligada excursión a Kanoni para ver el barco petrificado de Ulises.

Lamentablemente, no pude estar en Corfú tanto tiempo como hubiese querido ya que tuve que proseguir mi viaje hacia otras islas del mar Egeo pero, si algo tengo claro, es que volveré para sumergirme en el bullicio de sus calles y en la naturaleza de sus campos y montañas.

Enlace | Durrell
Enlace | Isla de Corfú

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