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Léelo pero no lo toques, no lo uses, no lo copies

Hoy he comenzado el día con un disgusto de los gordos. Ha sido tal la indignación que he sentido al ver ciertos documentos elaborados por algunos profesores que comencé a echar pestes en Twitter. Pero debo intentar no sulfurarme y comenzar a contar lo que pasó de un modo ordenado y lógico: suelo levantarme muy pronto por la mañana para preparar mis clases mientras me tomo el primer café del día, reviso el correo y veo qué se cuece en Twitter y, hoy, no ha sido diferente. Me he sentado frente al ordenador y he comenzado a buscar en internet ejercicios y esquemas de cierta parte del temario de bachillerato para ver qué materiales estaban elaborando y utilizando otros profesores con el objetivo de, llegado el caso, usarlos en clase si encontraba alguno que me gustara. Cuál ha sido mi sorpresa, muy agria, por cierto, cuando he visto que algunos de esos esquemas y resúmenes tenían copyright. Me he dicho, bueno, serán sólo algunos casos, sigamos buscando, seguro que hay personas que tengan la cabeza sobre los hombros. Vuelvo a buscar en Google y, de nuevo, me encuentro con ejercicios a los que su autor, un profesor cualquiera, le ha plantado ahí un copyright sin sentido alguno, bien visible, como un insulto a la inteligencia. Pero vamos a ver, ¿cómo es posible que alguien le ponga un copyright a un ejercicio resuelto? Seamos serios, ¿se imaginan que yo hiciera un documento con dos sumas y le colocase un copyright? Pues no se lo imaginen, aquí lo tienen (nótese el tono sarcástico ya que estas sumas no pueden tener copyright):

Absurdo, ¿verdad? Yo me pregunto… ¿nos hemos vuelto locos o qué? Y es que aquí fallan varios detalles, algunos de base. Si un profesor tiene un blog al que sube sus materiales didácticos, lo lógico es pensar que lo haga para compartirlos con otros compañeros de profesión o con sus alumnos pero, si los registra y les coloca ese infame copyright, se vuelven inútiles porque impide que puedan ser utilizados, descargados, fotocopiados e, incluso, mejorados. Entonces, si ese profesor no quiere que se utilicen sus materiales, ¿para qué los sube a internet? ¿Acaso únicamente quiere que veamos lo sabio y original que es? ¿Es que ha descubierto el Santo Grial de la resolución de cierto tipo de ejercicios? ¿Tiene un método revolucionario que solventará todos los problemas de los alumnos de secundaria y bachillerato al tiempo que se hace rico vendiéndolo? ¿No? ¿Pues para qué se pone el copyright a unas fichas de ejercicios o esquemas? Todo esto, suponiendo que ese copyright sea efectivo y no se vaya de farol, es decir, que, en efecto, se haya ido al registro de la propiedad intelectual se haya entregado el original, se hayan pagado las tasas y se haya recibido la notificación correspondiente.

Bien es cierto que cada uno puede hacer lo que le dé la real gana con lo que escribe, pero si el propósito es compartir un material diciendo que lo ha hecho tal o cual autor, pues que lo haga, pero que le ponga una licencia Creative Commons. Es paradójico compartir un material que no se puede copiar. Otra cosa es que se quiera escribir un libro para venderlo y la editorial de turno exija que el trabajo tenga todos los derechos reservados pero, por favor, ¿una ficha?, ¿un esquema?, ¿unas ejercicios resueltos? Clama al cielo que se le haya colocado el simbolito que impide su uso educativo.

Intentar impedir que los materiales subidos a un blog no sean utilizados por otros profesores, fotocopiados o incluidos en nuevos documentos es de una estrechez de miras tal que torpedea tanto el propósito educativo por un lado como el fin para el que internet es utilidad. Quiero pensar que esos profesores que protegen de este modo su material de clase lo hacen porque desconocen las licencias libres (como la que utiliza este blog) y no es porque tienen una concepción de la creación intelectual anquilosada en el pasado. Pero visto lo visto, no sé yo… De todos modos, lo que sí tengo claro es que, compartir, es vivir.

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