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La evaluación en las redes sociales (II)

En los últimos días, hemos sido varios los profesores que hemos estado reflexionando acerca de cómo encarar el proceso de evaluación de la actividad del alumnado en las redes sociales. Decidí ponerme en contacto con Antonio Solano, José Luis Gamboa y Juan José de Haro para estudiar esta problemática y, entre todos, intentar dar una solución. A lo largo de las dos últimas semanas hemos estado hablando sobre el tema y he aquí la conclusión a la que hemos llegado:

En un inicio, las redes sociales no fueron concebidas como entornos de aprendizaje en sí mismas sino que se plantearon como lugares de relación. Muchos profesores hemos visto en ellas un lugar que puede ser aprovechado con fines educativos por varios motivos ya que utilizan el proceso dialéctico como modelo de aprendizaje, permiten que todos los integrantes de una clase interactúen sin importar el lugar físico en el que se encuentren ampliando los límites del aula y, por último, motivan al alumno a que participe de un modo activo interrelacionando publicaciones aparecidas en fuentes diversas y aportando tanto sus ideas propias como sus conclusiones en la propia red social.

Ahora bien, estas redes son tan extensas y variadas que se hace muy complicado para el profesor evaluar tanto la participación del alumno en el curso como el grado de aprovechamiento del mismo. Muchos de nosotros pagamos la novatada siguiendo, en nuestros primeros cursos con redes sociales, los pasos del alumno por toda la red principal así como su actividad en otras redes. Se daba el caso de que el profesor debía rastrear todos los ámbitos de actuación, por ejemplo: grupo en Facebook, página en Tuenti, canal en Twitter, actividades y foro en Moodle e, incluso, aportaciones en un blog específico de cada alumno así como sus comentarios en el resto de blogs del resto de integrantes de la clase. Obviamente, es una tarea que desmotiva enormemente. El uso de las redes sociales en el contexto educativo debería ser una herramienta que facilitase la consecución de los objetivos a los alumnos y contribuya a que el profesor pueda evaluar con una inversión de tiempo y esfuerzo similar a de la enseñanza tradicional.

Entonces, ¿cómo dar una solución a semejante problema? En nuestro caso, tras debatir mucho, optamos por un trabajo final en el cual sea el propio alumno el que refleje sus pasos a través de la red mediante los pertinentes enlaces. Como dice Juan José de Haro, el alumno debería presentar un producto final en el que estén todas sus conclusiones. Se trata de un trabajo que puede ser evaluado y que contiene, al mismo tiempo, un mapa de la actividad digital de clase enlazando los artículos que ha leído, los vídeos que ha visto o producido, sus aportaciones a la conversación en la red mediante enlaces a los comentarios más relevantes y significativos. Evidentemente, este trabajo final no puede estar en un soporte físico ya que imposibilitaría que el profesor pudiera acceder mediante clicks a las páginas, comentarios, vídeos, podcasts y enlaces referenciados.

Durante el proceso de construcción de esta propuesta, Karla Campaña, manifestaba su preocupación por el peligro que existe de que se produzca una suplantación de identidad y no sea el propio estudiante quien genere los contenidos ya que, en realidad, no sabemos realmente quién está detrás de cada comentario. Por eso, proponemos que algunas de las actividades obligatorias que componen este trabajo final deban ser protagonizadas por el propio alumno, ya sea un podcast o un vídeo.

El profesor puede participar en el proceso de aprendizaje comentando los artículos publicados por los alumnos en sus blogs y, así como, sus actualizaciones de estado tanto en la red social primaria como en las secundarias para dirigir los pasos del alumno, pero es el propio estudiante el que debe construir el trabajo final y no el profesor el que deba recorrer toda la red para conseguir llegar a las conclusiones que debería haber extraído el alumno y que están fragmentadas y repartidas por una variedad de lugares inabarcable.

El debate sigue abierto y estamos encantados de que sigáis aportando ideas y enriqueciendo esta propuesta. Tenéis una entrada hermana en el blog de José Luis Gamboa.

Enlace | La evaluación en las redes sociales (I)

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