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Google Goggles, impresionante

Hace un par de semanas adquirí un Samsung Galaxy S con Android. Se trata de un smartphone de última generación que -confieso- me tiene entusiasmado. A los pocos minutos de haberlo desempaquetado, me dirigí al Android Market para comenzar a bajar todas las aplicaciones que me interesaban. Una de las que más ganas tenía de probar era Google Goggles, una verdadera maravilla de la técnica que es capaz de dejarnos con la boca abierta y que, como profesor, hace que me plantee más de un interrogante como expondré a continuación.

Usar Google Goggles es muy sencillo. Nos situamos ante un monumento, obra de arte, fotografía, rótulo, logotipo o cualquier otra cosa, por ejemplo, la carta de un restaurante cuyos platos tengan un nombre tan raro que no podamos imaginar cómo son y hacemos una fotografía con nuestro móvil. Automáticamente, el programa nos traerá una enorme cantidad de información pertinente sobre lo que hayamos fotografiado ya que la aplicación nos devuelve todos los resultados que ha obtenido tras realizar una búsqueda en Google. Veamos dos ejemplos que he grabado esta mañana:

Como se puede apreciar, el primero es una fotografía (aunque también funcionaría si hiciéramos la foto directamente al David en la misma Galería de la Academia de Florencia, que es donde se encuentra esta escultura) y, el segundo, de un libro de Heinrich Böll. En ambos casos, obtenemos información pertinente acerca de lo que hemos fotografiado. Incluso, Google Goggles puede traducir directamente de un idioma a otro a partir del texto que hayamos fotografiado con nuestro móvil. Y es que los tiempos avanzan que es una barbaridad.

La cuestión es: si el acceso al conocimiento es tan sencillo como hacer una fotografía y leer la información que nos brinda el programa (estamos pues ante una enciclopedia con el don de la ubicuidad) entonces a nosotros, como profesores, ¿qué nos queda por enseñar? Es cierto que no siempre tendremos un móvil con conexión a internet que satisfaga la necesidad de saber (del mismo modo que no siempre tendremos una calculadora para operar) y también es cierto que nuestros alumnos deben asimilar e interiorizar la información que necesitarán para desenvolverse con soltura en el mundo en el que viven. Es éste un tema recurrente cuando relacionamos educación y tecnología.

Hasta el siglo XX, la educación se basó, sobre todo, en la transmisión unidireccional de contenidos desde el profesor al alumno, sin embargo esto está cambiando rápidamente con la llegada de internet y ya se puede apreciar de forma evidente en muchos de los programas de enseñanza para adultos. En primer lugar, parece que se vuelve esencial que los profesores enseñen a discriminar la información de calidad de la que no lo es, puesto que, entre otras cosas, los contenidos que aparecen en que los primeros puestos de los resultados de las búsquedas en Google no garantizan la veracidad de sus contenidos y, sobre todo, una de las claves estará en enseñar a relacionar contenidos de diferentes fuentes. Son los primeros pasos en un mundo digital, un mundo completamente diferente del que han conocido nuestros antepasados.

Y esto es sólo el principio, pizarras digitales, alumnos con netbooks, y aplicaciones como Google Goggles evidencian que es muy posible que la enseñanza sufra, en los próximos años, una gran revolución y, como profesores, tendremos que estar preparados para adaptarnos.

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