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Compartir es vivir

El martes pasado publiqué la primera edición del Manual de modismos y he de confesar que estoy muy contento por la acogida que ha tenido ya que, en apenas dos días, ha sido descargado por 344 lectores de multitud de países. Me están llegando correos electrónicos y comentarios a la entrada del libro en los que agradecen mi generosidad por haber puesto a disposición del profesorado este material didáctico, lo que me llena de satisfacción, sin duda. Sin embargo, no creo que sea generosidad sino que se trata más bien de un compromiso social y profesional porque compartir es vivir.

Desde el nacimiento de internet mi actividad en la red ha sido frenética y casi siempre ha estado motivada por un deseo de compartir lo que sabía e iba aprendiendo en mi día a día con el resto de los usuarios de la red. Ha sido siempre -y es- una obligación para mí. Uno nunca puede saberlo todo y sólo puede avanzar en el conocimiento con el estudio y con la conversación con otros profesionales que aporten nuevos puntos de vista e ideas. Nunca me ha gustado que los profesores se encierren a cal y canto en sus clases impidiendo que, por oscuros motivos, nadie vea lo que ocurre en las aulas, tampoco me he sentido cómodo al lado de aquellos profesores que guardan sus actividades en un cajón cerrado con llave para que nadie se las copie. ¿Será a caso que han descubierto el maná de la educación?

Por el contrario, pienso que, como profesores, nuestra labor es compartir el conocimiento y enseñar a utilizarlo para resolver los problemas que aparezcan en la vida de quien nos rodea, sólo así podremos avanzar con paso firme. El Manual de modismos recoge un material que yo preparé para mis clases y me cuesta aceptar que enmohecerá entre un montón de papelotes si no lo comparto con el resto del profesorado y del alumnado. ¿Qué gano yo ocultando este material? Absolutamente nada. Al contrario, compartiendo mi trabajo puedo ganar muchísimo más ya que otros profesores pueden enriquecer la obra, proponer correcciones y mejoras y, lo más importante, distribuirla para que sea más conocida y útil para otros compañeros. Además, nunca pensé en este libro como un producto comercial, sino como un documento de ayuda que merecía la pena ser compartido. Es posible que, en el futuro, publique libros con un propósito comercial pero, en ese caso, desde el comienzo, el proyecto estaría enfocado de una forma muy diferente ya que se trataría de un trabajo completamente nuevo y no partiría de la idea de una reutilización de los materiales que ya he usado en mis clases.

Pero… ¿significa esto trabajar de gratis? Para nada. Mi trabajo es el de ser profesor, por ello me pagan pero, si además, puedo ayudar a otros profesores en su labor al compartir los materiales que creo para mis clases, mi satisfacción será completa. ¿No sería el mundo un lugar mucho más agradable y cómodo si, cada vez que tuviéramos una dificultad, pudiéramos encontrar la solución con un par de clics? En la medida de mis posibilidades, pongo mi granito de arena porque compartir es vivir.

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