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Las actividades breves funcionan mejor

Si algo he comprobado a lo largo de todos estos años de docencia es que las clases que se componen de actividades cortas funcionan mucho mejor que las que no. Esto se hace particularmente evidente cuando enseñamos un idioma en un contexto de inmersión lingüística puesto que es en este ambiente multicultural donde los alumnos internacionales han de hacer un especial esfuerzo mental por seguir y comprender la clase.

Al programar la clase con actividades cortas da tiempo a hacer más cosas, lo que hace que las sesiones sean mucho más variadas y amenas. Por otra parte, esto tiene mucho que ver con la facilidad de comprender y asimilar lo que el profesor explica. Pongamos un ejemplo: si un alumno se pierde el el minuto 3 en una actividad que dura 15, puede reengancharse cuando comience la siguiente, algo imposible cuando hacemos actividades que duran más de 20 minutos. Si un alumno se pierde al principio de una actividad que dura, por ejemplo, 40 minutos, estará desconectado de las explicaciones y ejercicios durante tanto tiempo que no tardará en desmotivarse y frustrarse. Si esto se convierte en la tónica habitual, nos costará mucho esfuerzo realizar nuestra labor labor como profesores.

Si quieres hacer una clase con ritmo, interesante, útil y motivadora, sigue este consejo, programa una clase compuesta de actividades cortas de diferente duración, combinando las de 20, con las de 10, 5 y 15. No tardarás en comprobar que da muy buenos resultados. Si crees que esto puede serte útil, te recomiendo que leas ‘La teoría del cubo de helado‘.

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