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El secreto está en saber escuchar

Para ser un buen profesor de español como lengua extranjera en contextos de inmersión lingüística hay que saber hacer bien muchas cosas pero, sobre todo, hay que saber escuchar. Quizá porque a los españoles no nos guste el silencio, tendemos a rellenar las pausas que se producen en la conversación con palabras que deberían haber dicho los alumnos cuando éstos detienen su discurso para pensar cómo han de seguir explicándose en un idioma que no es el suyo.

Esto supone un choque cultural bastante agresivo para muchas culturas ya que no sólo no respetamos el turno de palabra sino que lo invadimos y, por si fuese poco, nos apropiamos del papel del interlocutor añadiendo lo que nosotros interpretamos que quería decir y que, en muchas ocasiones, ni siquiera se parecía a lo que, realmente, el estudiante iba a expresar.

Escuchar con paciencia cuando se producen estas pausas, saber esperar a que el alumno recomponga cómo debe seguir expresando lo que quiere comunicar utilizando la gramática española nos ayuda a nosotros mismos a dar una respuesta acertada a lo que se nos plantea, de hecho, si esperamos a que continúe hablando, el esfuerzo que hemos de hacer para entender a nuestro interlocutor es mucho menor. Parece obvio pero en la práctica el subconsciente nos traiciona y es particularmente grave cuando estos alumnos internacionales se encuentran ante una dificultad que no pueden resolver sin ayuda.

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