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¿Qué sabes de...?

PupitreLa mayoría de los profesores que comienzan a dar clase de español como lengua extranjera suelen caer en un frecuente error que produce en los alumnos una sensación de impotencia y desasosiego tal que puede llegar a minar la confianza que tienen en él. Me refiero a la famosa y peligrosa pregunta ‘¿Qué sabes de…?’.

Conocí hace unos años a un profesor al que le encantaba impartir clases de cultura española, realmente disfrutaba en las clases. En cierta ocasión observé cómo varios de sus estudiantes salieron de clase antes de que ésta concluyese. Cuando les pregunté por qué abandonaban el aula me dijeron que el profesor les tomaba por tontos.

Mi sorpresa fue mayúscula, puesto que este profesor nunca antes había tenido problemas en el aula con ningún grupo de alumnos. Cuando le pregunté acerca de lo que había pasado, él sólo me dijo: ‘Pues no lo sé muy bien, sólo les he preguntado qué saben del rey de España’. Entonces lo entendí. En la ‘actividad de calentamiento’ había cometido el error de preguntar a sus alumnos, que vienen de culturas lejanas a la nuestra, qué sabían acerca de nosotros. A priori, esto no debía representar ninguna dificultad pero, en la práctica, si lo hace.

La clase suele comenzar de este modo: ‘Hoy, la clase trata de la familia real española, ¿qué sabéis del rey de España?’; la mayoría de los alumnos (japoneses, chinos, suecos, coreanos, americanos…) no responden, no saben cómo se llama. El profesor, espera callado mientras mira a cada uno de sus estudiantes, como nadie dice nada, vuelve a hacer la pregunta: ‘El rey de España es muy conocido, venga, ¿alguien sabe cómo se llama o sabe algo de él?’. Reformular la pregunta no aporta nada nuevo a la situación, sino que la empeora. Algunos alumnos comienzan a mirarse entre sí para ver si alguien dice algo, el silencio se apodera del aula, el profesor comienza a pasarlo mal, la clase no avanza. El profesor se dirije a una de las alumnas que tiene mejor competencia lingüística, confundiendo el nivel con la cultura y le pregunta -para terminar de rematar la faena-  ‘Venga Marie, ¿qué nos puedes decir de Don Juan Carlos I?, porque sí, el rey de España se llama Don Juan Carlos I’, esperando que, al haber dado el nombre, los estudiantes puedan comenzar a hablar. Todo se complica cuando ni siquiera Marie puede respondar a la pregunta ‘¿Qué sabes de…?’. El profesor comienza a ser presa de los nervios y, para colmo de males, está a punto de perder todo voto de confianza cuando pregunta ‘Pero… ¿no sabéis nada? ¿no lo habéis visto en televisión?’. Una vez más, el resultado es el silencio, los alumnos occidentales se revuelven en sus asientos y los orientales permanecen hieráticos mientras, por sus mentes, pasa la idea de ser tomados por tontos o incultos. ‘Venga, seguro que sí sabéis algo o alguno de vosotros lo ha visto alguna vez, si no habláis no podemos seguir… Que no voy a hablar yo toda la clase… Sois vosotros los que tenéis que practicar’. No se podía haber hecho peor.

Qué pregunta más simple y peligrosa al mismo tiempo. Imaginemos, el caso contrario y pensemos por un momento que vamos a estudiar japonés y el profesor nos pregunta qué sabemos del origami siguiendo el esquema descrito más arriba. Seguro que no tardaríamos en enfadarnos.

Dar clase en un ambiente internacional es una de las experiencias más increíbles que un profesor puede tener. Cada día es toda una aventura, un camino apasionante y muy enriquecedor pero, al mismo, tiempo, plagado de potenciales choques interculturales que sólo las tablas del profesor o la guía de un buen Coordinador puede evitar.

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