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En clase, con alumnos orientales

Hace algunos años tuve uno de mis primeros grupos de estudiantes orientales, y quizá fuese ése el grupo con el que más he aprendido en toda mi carrera profesional por la cantidad de novedades que me aportó.

Aunque, cada día me esforzaba por llevar al aula temas y actividades que siempre me habían funcionado muy bien, la clase no terminaba de ser lo que yo esperaba. Los alumnos casi no intervenían y era yo quien tenía que ir tirando de ellos para animarlos a que participasen.

Clase de alumnos japoneses y coreanos

Como siempre, hablar con los estudiantes sobre la misma clase ayuda enormemente a un profesor así que me dispuse a averiguar qué era lo que pasaba para darle una pronta solución. En una pausa aproveché para charlar con Yasuhiro, uno de los mejores alumnos que hamás haya tenido, sobre el tipo de actividades que estábamos haciendo y la dinámica de clase. Le pregunté si el curso le era útil y si estaba a su gusto. Él me miró con los ojos muy abiertos, casi sorprendido por la pregunta que le había formulado. Tras meditar unos instantes, comentó que la clase le gustaba mucho pero que le parecía muy difícil intervenir en las actividades ya que no se le ocurría nada original que decir. No me esperaba esta respuesta… Para mi sorpresa, los alumnos no intervenían no porque no les gustasen las actividades que les proponía, no porque no pudiesen hablar o poner en práctica las estructuras gramaticales del curso sino porque las actividades estaban diseñadas para debatir sobre aspectos y temas que, para ellos, requerían de una cuidada reflexión previa que les permitiese emitir un juicio que aportase nuevas perspectivas e ideas.

Esto supuso un increíble hallazgo acerca de cómo enfocar las clases con estudiantes orientales ya que los alumnos japoneses y coreanos piensan que si uno no puede decir nada que tenga calidad, es mejor estar callado. Desde entonces, siempre que propongo actividades en las que los alumnos han de debatir, les hago saber que la calidad de la opinión no es muy importante para la clase, lo verdaderamente importante es practicar la gramática y coger soltura al hablar en español.

En muchas ocasiones, mis profesores me piden opinión acerca de si cierto tipo de actividades o enfoques van a gustar a sus alumnos, normalmente debates, pequeñas excursiones prácticas por la ciudad, catas de vino o productos españoles, etc., y casi siempre contesto lo mismo: ‘Preguntad directamente a vuestros alumnos sobre los temas y los enfoques de vuestras clases para asegurar el éxito’. Los alumnos son muy diversos y lo que vale para unos no vale para otros. El profesor debe perder el miedo a preguntar a sus alumnos, tal es así, que no hacerlo le interna por terrenos pantanosos en lugar de llevarle por la senda de la seguridad y del consenso. La negociación es esencial en clases internacionales.

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