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Los libros no hablan

Hasta ahora, y durante siglos, el acto de leer ha venido siendo una actividad solitaria y muy placentera que aislaba al lector del mundo exterior pero, en la actualidad, todo ha cambiado y ha cambiado para siempre, me temo. Hasta ahora, los libros tenían la capacidad de comunicar de una forma completa.

El lector podía encontrar en los libros -si había elegido el título adecuado- todo lo que necesitaba, quería o buscaba. Sin embargo, a día de hoy, el libro como tal, para muchos lectores, es insuficiente. Es letra muerta. Ojo, que nadie se lleve a engaño, no hablo de que la literatura esté muerta, hablo de que el libro, como tal, es un objeto que ya no es capaz de transmitir los conocimientos con la misma fuerza que antaño.

Los libros no hablan

Pido, ahora, al lector de este articulito que aleje de su mente todo sentimiento romántico, que se olvide de frases del tipo ‘el papel no morirá nunca’ o ‘no se puede leer sin tener un libro entre las manos, porque tocar su cubierta, escuchar el crujido de las páginas al pasar es una sensación intrínseca y necesaria al acto de leer’. Es normal sentir cariño por un objeto que nos ha acompañado tanto tiempo pero, olvídese el lector de estas frases sensibleras y demás melindres… Permítame el lector que me explique.

Hace tiempo que leer se convirtió en una actividad social y, para un nativo digital, leer un libro puede llegar a ser -hasta cierto punto- frustrante. No hay dialéctica al leer un libro. Al pasar su mirada por las líneas de sus páginas no hay nadie que comente el texto, nadie que aporte su experiencia al leerlo, nadie que diga nada. El libro es materia muerta, no habla, no comunica… Y lo más importante, no hay sitio donde poder poner un comentario. Las notas hechas a lápiz al margen de la página o en una cuartilla no valen para nada, nadie las va a leer, nadie puede decir nada al respecto. Y, sí, podría dejar mis notas a uno o varios amigos pero sería tedioso esperar a que las revisen y me devuelvan los comentarios, ese proceso va contra el concepto de multitarea que tienen las nuevas generaciones de lectores. La inmediatez prima ante todo. Así pues, sin temor a equivocarme, puedo afirmar que leer un libro como se venía haciendo se ha convertido en la actualidad en una tarea pasiva o, por lo menos, muy poco activa.

¡¡Una tarea pasiva!! Esto choca frontalmente con el concepto de lectura que se ha tenido hasta ahora, de hecho, muchos pensaban que ver la televisión era algo pasivo y leer un libro era algo activo. Las nuevas generaciones centran su actividad en la multitarea y en la cooperación. No se concibe el acto de leer como algo solitario, puesto que no se puede dialogar sobre cada uno de las sensaciones, de las imágenes, de las conexiones metaliterarias o metaculturales del texto, todo lo contrario, las nuevas generaciones necesitan comentar a cada paso lo que les sugiere el texto y necesitan saber qué dicen los demás lectores. ¿Concepto nuevo? No tanto, volvemos a algo que recuerda al método dialéctico.

Muchos de los lectores de esta entrada, llegados a este punto (o unos párrafos antes, incluso), habrán soltado, como poco, un bufido de desaprobación pero les pido que mediten sobre esto tranquilamente, sin dejarse llevar por las bajas pasiones, no se dejen engatusar por los sentimientos románticos y, sobre todo, hablen con los chicos de 14 y 15 años acerca de cómo conciben ellos la lectura, charlen con sus estudiantes acerca del tema y, posiblemente, se sorprendan de lo que tienen que aportar a pesar de haber sido una generación que creció leyendo en solitario los extensos relatos de cientos de páginas de Harry Potter. Pero todo ha cambiado, internet lo ha cambiado todo. La forma de presentar la información, la forma en la que se comparte, la forma en la que se comenta, ¡todo!

Muchos soltarán frases del tipo ‘A dónde vamos a ir parar’, ‘leer así no es leer’, ‘¡lo que nos espera!’, ‘vienen tiempos de gente inculta’… Siempre ha habido gente que se empeña en negar que los avances tecnológicos traen grandes ventajas y arremeten contra sus consecuencias. Siempre ha habido personas que viven ancladas en el pasado y personas que miran hacia el futuro.

Y, aunque es cierto que los profesores debemos enseñar un método de aprendizaje a los alumnos, ignorar el cambio que se está produciendo en el mundo de la cultura (producción y consumo) es abrir una brecha tan grande que podría desconectar al docente del mundo en el que viven sus estudiantes.

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