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Siento que la realidad se desvanece...

En estos tiempos de lo que ha venido a denominarse posmodernidad, siento que muchos de los objetos materiales que hay a mi alrededor se desvanecen y, sin más, dejan de existir. Cada vez más, el mundo tangible es más etéreo… pienso que quizá nos acerquemos a una realidad conceptual más o menos similar a la que dibujaba aquella película de ciencia ficción en blanco y negro donde había seres que únicamente eran intelecto y no había ningún cuerpo que los albergase.

Cuando estudiaba en la facultad lo que más me importaba era ‘tener’, tener libros, tener música, tener ensayos, ‘tener’… Sin embargo, qué diferente es la realidad ahora… Ahora, lo que más me importa es usar. Usar la información, usar los conocimientos para crear nuevos proyectos, poner a disposición de todos los lectores de este blog las herramientas que habitualmente utilizo para que ellos puedan usarlas también, compartir la información es compartir el uso, liberarla de las cadenas que hasta ahora la han atenazado. También, en los primeros compases de internet, las impresoras de todo el mundo echaban humo, los internautas tenían verdadera ansia de ‘tener’ en papel lo que veían en pantalla, ¿y para qué?  Para nada. El papel es caduco, el papel no vale nada, el papel queda guardado en el fondo del cajón para no volver a salir nunca y, si llegase a salir, lo más seguro es que fuese directo a la papelera. Ahora, casi nadie imprime lo que puede leer en pantalla. No tiene mucho sentido. Ni siquiera hay tantas descargas de música ahora… ¿para qué si toda la música está en Youtube a un sólo clic?

Pensemos por un momento a qué le damos más valor material. Sin duda, muchos diremos el dinero. El dinero ha movido, mueve y moverá el mundo, sin embargo, a mí, entre pagos con tarjeta, pagos por internet, y transferencias bancarias, se me pasan los días, las semanas sin que vea un billete. Mi dinero no es más que un número que crece y decrece, mi dinero no existe, es apenas un conjunto de dígitos. Por lo tanto, si ya ni siquiera existe el dinero, qué será del resto de cosas… y no es que les tenga mucho aprecio, la verdad. Desde siempre, me he sentido intrigado, atraído por el futuro al que nos dirigimos, un mundo donde la información circula velozmente, un mundo en el que puedo enviar una carta al otro lado del planeta y mi destinatario recibirla un segundo después (vemos esto muy natural, pero hay que digerirlo para comprender la dimensión de lo que significa).

Veo el mundo desvanecerse a mi alrededor, porque pertenezco a la primera generación en la historia de la humanidad que resta voluntariamente horas al sueño por mantenerse conectado a las redes de información analizando ese nuevo mundo al que apenas nos asomamos tímidamente en estos momentos.

Veo la realidad desvanecerse, como si de humo en la niebla se tratase… siento el mundo desaparecer y transformarse en ceros y unos… siento que todo cambia y nunca volverá a ser igual. Entramos en una nueva y apasionante etapa de la historia de la humanidad, una etapa en el que todo está cambiando y nada volverá a ser igual. Y, por suerte, nosotros estamos siendo testigos, estamos en la barrera observando pero también participando en el ocaso de lo material (es importante no engañarse, en este punto, con teorías políticas que no vienen al caso).

Siento el mundo desaparecer… y nosotros, cada día, estamos más presentes, somos más reales porque tenemos mucha más información a nuestro alrededor y, lo que es mejor, sabemos dónde encontrarla y cómo usarla.

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