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Cloud computing

Con el anuncio que ha hecho Microsoft de su nueva plataforma, Azure, se abre la gran batalla por el control de la información mundial. Casi todas las grandes compañías están apostando fuerte por ofrecer a los usuarios potentes herramientas colaborativas que no requieran ser instaladas el ordenador del usuario final ya que se encuentran alojadas en servidores remotos como los de Google Docs o, desde hoy, en los de Azure (por ahora gratuitos y a merced de personas ajenas a nosotros).

De este modo, el ordenador como centro de proceso pierde peso y lo gana como mero terminal. No sería pretencioso afirmar que ha llegado el ocaso de los sistemas operativos (Windows, Ubuntu, Mac OS, y otros).

Desde hace tiempo, algunas celebridades del mundo de las nuevas tecnología como, por ejemplo, Richard Stallman, vienen alertando del recorte de derechos fundamentales que supone el software privativo. Hasta ahora, los programas eran de las grandes compañías y los documentos de los usuarios (hasta cierto punto porque dependían de la continuidad del formato). Sin embargo, con la entrada del cloud computing, todo parece haberse complicado y simplificado mucho más. Por un lado, los usuarios ganan mucho ya que tienen la libertad de poder consultar, editar y compartir sus documentos estén donde estén aunque, para ello, hayan de renunciar a la posesión de los documentos e, incluso, en muchos casos renunciar a los derechos de explotación de los mismos (aunque, sinceramente, pienso que, como profesor y como usuario que vierte contenidos a la red, apostar por las licencias Creative Commons es el mejor de los caminos posibles para todo creador, el único que nos queda, quizá, más que les pese a muchos).

Nosotros como usuarios finales de los programas informáticos… ¿estaremos dispuestos a despojarnos de nuestras creaciones entregando a terceros el control y los derechos de las mismas por haber usado una plataforma privativa, quizá la más privativa de todas? Desde luego, los riesgos son muchos, pero las ventajas, también; entre ellas, tener el don de la ubicuidad.

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